viernes, 16 noviembre, 2018
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Aunque muchos nativos no lo reconocieron al principio, la llegada del candidato electo a la Presidencia de México les renovó la esperanza de ser tomados en cuenta.

Crónica: La visita inesperada en la Selva Lacandona

Francisco Olán

@jf_olan

En la Selva Lacandona, donde ningún habitante imaginó que llegaría el virtual presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, ocurrió el acontecimiento. Arribó sin guaruras, con todo el ánimo de escuchar a los indígenas y con propuestas para apoyar a los más apartados de la urbanización. La visita fue en el ejido Río Jerusalén del municipio Palenque, Chiapas. Un lugar que carece de los servicios de agua potable, alumbrado, telefonía móvil y solamente está presente la naturaleza en su máximo esplendor.

Todo empezó por la mañana antes que saliera el Sol. Desde el rancho “La Chingada” se trasladó al restaurante Valle Escondido. Alrededor de una mesa rectangular platicó uno de sus 25 programas estratégicos: la reforestación de un millón de hectáreas de árboles frutales y maderables en todo el país. Don Liliano Fonseca Padilla, un empresario de Palenque Chiapas, lo escuchó atentamente y le propuso desarrollar el turismo acuático en el río Usumacinta, desde Frontera Corozal hasta el puerto de Frontera Tabasco, algo similar al servicio de navegación turística que se ofrece en Nueva Orleand.

AMLO no dejó de prestarle atención, lo escuchó con entusiasmo. De momento observó los árboles que lo rodeaban, el pequeño arroyo que pasaba debajo del restaurante, así como las ramas de los árboles que se movían con el paso del viento. Hugo Chávez, Javier May Rodríguez, Luisa Albores, quienes forman parte de su gabinete, también opinaban al respecto. Entre la plática amena el Sol salió. Obrador dio instrucciones para movilizarse a la zona indígena zapatista. No sin antes escuchar el comentario de alguien:

—¿Y la selfi de la comida? —Dijo uno de sus colaboradores—.

—No, ya no. No vayan a pensar que me la paso comiendo —refutó al recordar que en días pasados subió una foto con la frase «Voy camino a la Selva Lacandona pero no pude resistirme y pasé a comer frijol con puerco en la fonda “La popular”, de San Juan El alto, Jalapa, Tabasco».

La noticia de su llegada corrió como agua del Usumacinta. A la salida del restaurante lo esperaban habitantes de la colonia 11 de Julio. La mayoría se tomó fotos con él, otros le pidieron que no los olvidara al iniciar su administración. Desde la caía de la producción petrolera en el sureste y en el país, los restauranteros de la zona registran bajas ventas. En respuesta, dijo sin titubeo que no les iba a fallar. Subió a su camioneta y emprendió el recorrido a los ejidos detrás de los cerros.

En el ejido La Libertad del municipio Ocosingo, hizo una parada para dar la noticia de los nuevos nombramientos. En una parcela con árboles de chicle y plantaciones de cacao, sin pasar por desapercibido la compañía de los saraguatos y el sonido del viento que golpeaba las ramas de los árboles, se preparó para iniciar con la grabación.

—¿En qué lugar estamos aquí? —Lanzó la pregunta a quienes lo acompañaban.

—Estamos en el ejido La Libertad, pasando el ejido Río Jerusalén, entre los límites del municipio Ocosingo y Palenque —le respondió don Liliano Fonseca Padilla—.

—Muy bien. Aquí vamos hacer la grabación. No quiero que me tomen foto, que nadie me grabe. Es más, apaguen sus celulares, no quiero escuchar ruido. Vamos a grabar nosotros. —¿Qué plantación es ésta? —Preguntó otra persona—.

—Aquí hay árboles de chicle, pero debajo hay matas de cacao. Las personas aprovechan el mismo espacio para sembrar varios tipos de plantaciones —respondió nuevamente don Liliano.

Frente al teléfono celular Obrador empezó a hablar. Contextualizó la zona donde se encontraban y presentó a Luisa Albores como secretaria de Bienestar, a Javier May Rodríguez como subsecretario de la Secretaría de Bienestar. Cuando iba a presentar al siguiente integrante de su gabinete, la memoria del teléfono se llenó. Pidió otro y llegó la diputada electa Teresa Obrador, para grabar. La grabación culminó con el nombramiento de Hugo Chávez como director técnico del Programa de Siembra de Árboles Maderables.

El recorrido continuó sobre la carretera angosta. Los vehículos compactos transitaron con dificultades debido a los pedazos de roca en la vía. Las malas condiciones no fueron impedimento para que AMLO continuara hacia los límites de México y Guatemala. Decidió hacer otra parada en el ejido Río Jerusalén, donde se contabilizaron las primeras 30 casas. Su presencia fue como imán; de las casas de lámina, madera y palma salían mujeres, niños y abuelitos para saludar al nuevo presidente de México.

—Mi mamá me contó que lo conoce. Me dijo que estudió con usted en la secundaria —Obrador se rasca la cabeza, no parece recordarlo—. Ella vive en Tepetitán.

—¡Ah! En Tepetitán, de allá soy, en Macuspana, Tabasco. —Todos rieron—.

Alrededor de una lona con chile rojo de la región, se inició una plática amena. AMLO comentó a los indígenas el proyecto de reforestación de un millón de hectáreas, pero de momento los habitantes optaban por externar las necesidades del pueblo. Mencionaron que el agua para realizar las labores del hogar la extraen de un “ojo de agua” y la almacenan en una pileta. Cuando llega el periodo de estiaje, el “ojo de agua” se seca y tienen que acudir a los arroyos cercanos o pozos profundos. AMLO no se quedó con las ganas de conocer la zona de abastecimiento de agua, caminó 100 metros hasta llegar al grupo de mujeres que lavaba ropa. Su presencia fue de sorpresa, las mujeres preguntaban entre sí quién era aquel político con guayabera, pelo blanco y una sonrisa, que llegaba a sus tierras. Alguien les habló en dialecto y les dijo que era Andrés Manuel López Obrador. En seguida hubo plática en siseo, algunos sacaron sus dispositivos móviles para tomar la foto del recuerdo. Los hombres que no hablan español fluido, dijeron que el presidente de México, Enrique Peña Nieto, los tiene olvidados, pues tienen muchas carencias.

—¿Así que todo están bien? ¿No les hace falta nada? —cuestionó sarcástico Obrador y todos rieron a carcajadas. —Ya me voy o no me dará tiempo de llegar a los otros ejidos.

—No vaya a ser Obrador igual —Le respondió un ciudadano cuando Obrador se retiró de la zona, después de estar más de diez minutos.

—No —señaló con el dedo— No les voy a fallar. Ese es mi compromiso. —Sus palabras fueron suficientes para ganarse el aplauso.

Se subió al carro y las personas lo seguían, no querían que se fuera, le insistían que no los olvidara. Al llegar a la casa ejidal, bajó del vehículo y entró. Sólo duró unos segundos y se dirigió a la sombra de un árbol porque había mucho calor. Del árbol caminó a la orilla del popular río Usumacinta, que divide a México y Guatemala.

En la zona abundó sobre su propuesta de reforestación de árboles maderables frutales. Todos los escuchaban con atención. Les preguntó sobre los apoyos de Procampo, ayuda para adultos mayores y escuchó que no a todos les habían pagado. Después de explicar su proyecto, tuvo unos minutos de risas, cuestionamientos sobre las actuales autoridades y se tomó la foto del recuerdo con los niños. Caminó a otras parcelas y casas, saludando en todo momento a las personas como si estuviera en campaña. Sólo que esta vez no lo hizo como candidato, sino como virtual presidente electo de México, en lo más profundo de la Selva Lacandona.