martes, 11 diciembre, 2018
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El Nuevo Poder Político

 

Juan José López Magaña

De las lecturas del filósofo italiano Norberto Bobbio aprendimos, que poder y derecho, se conjugan de tal forma que son indisolubles, al ser según el italiano “dos caras de la misma moneda.., el contraste implica cuál de esta moneda sea el frente y cuál el reverso:[1] sin embargo no siempre están encaminados en el mismo fin, y cuando esto sucede, se crea una especie de poder alterno que se hace invisible tanto al poder político como al poder jurídico, y más bien, se constituye sobre ambos y se convierte en un poder omnipresente, algo así como un mega-poder,  ya que no solo cuenta con el poder político y el jurídico para someter, sino que, además, se constituye sobre los medios de comunicación, para manipular la opinión, siendo la característica esencial, el estar oculto, es decir, lo ve todo, lo juzga todo, pero nadie lo puede ver, por ello, cuando Bobbio y Giddens[2] hablan del poder, lo hacen en base a su finalidad y a favor de quien se ejerce, pero Bobbio va más allá y señala que el derecho puede ser medible a simple vista, sin necesidad de mayores técnicas en razón de su validez y eficacia, y como bien acierta el maestro italiano, no se pueden entender uno sin el otro, ya que el poder sin derecho es ciego y el derecho sin el poder queda vacío, y la ausencia de ambos, da como resultado un estado fallido.

Sin embargo, en este pequeño artículo no trataremos o intentaremos abordar a profundidad el tema filosófico del poder o del derecho, antes bien, solo tomaremos como referencia la concepción filosófica para ubicarnos en el contexto del estado mexicano y el proceso de transición que está en puerta, y el giro de 360º que está impulsando AMLO, y un ejemplo de ello, fue el ejercicio de la consulta sobre el NAIM, que si bien su desenlace causó turbulencia, ésta no fue de la magnitud que auguraban sus detractores, al pretender centrar la discusión en el tema de su validez o legalidad, cuando a todas luces fue un golpe de poder político, y a todos nos debe quedar claro que el poder cambió de lugar, por lo que, cuando los poderes fácticos se dieron cuenta que no era la consulta en sí el tema, quisieron equiparar los papeles, pero ya era demasiado tarde; el error de cálculo obedeció en gran medida al desconocimiento de la realidad política y social del país, acostumbrados a marcar las directrices y a acordar con un número reducido de personas, ya fuera la Cámara de Diputados o de Senadores, donde apostaban a tener incondicionales, nunca imaginaron que el pueblo recibiera bien el ejercicio, y aunque trataron de calificarla como un fracaso, terminaron viéndose obligados a seguir el camino trazado por AMLO, y ahora ya están casados con la idea de que todas las decisiones del gobierno sean por consulta popular, cuando fueron ellos y sus diputados incondicionales los que limitaron la participación ciudadana a su mínima expresión,  y quieren seguir usando las mismas estrategias para un pueblo que ya no les cree, y a fuerzas, quieren ocupar un espacio que ya no les corresponde, piden igualdad, respeto a la ley, inclusión y ser tomados en cuenta, cuando ellos acuñaron la frase de que  “el poder no se comparte, el poder se ejerce”, y si bien, pudiera ejercerse el poder con la misma medida en que ellos la ejercieron, existe la voluntad del Presidente Electo, de que el poder conjugado con el derecho, se conviertan en una “aptitud transformadora” porque la diferencia entre uno y otro ejercicio del poder radica en la ideología que la motiva, de ahí que los movimientos de AMLO, estén  encaminados a crear una sociedad participativa, toda vez que esto obligará como ya está aconteciendo, a que aquellos poderes ocultos, ya no lo sean más, y tengan que verse forzados a salir al debate y mostrar sus intereses, aunque es una línea muy delgada por la que se está transitando, no existe otra alternativa, y seguramente, pronto veremos cómo se conjuga el poder político con el derecho para darle forma al nuevo gobierno y a la construcción del anhelado estado de bienestar, por lo pronto, ya sabemos, porque se vieron obligados a mostrarse,  cuáles son los bandos, y quedó muy claro que,  quien quiera participar,  tendrá que hacerlo con las nuevas reglas, tendrá que mostrarse y defender su posición, pero ya no será un tema de 500 o 600 personas, será un tema de millones de hombres y mujeres que se cansaron de ellos y sus gobiernos, de los medios tradicionales de comunicación que obedecen a sus intereses, por ello AMLO le apuesta a un pueblo informado y formado políticamente, pero sobre todo, con poder, ya les aplicó la receta en la Ciudad de México y los resultados están a la vista.

La tarea de conjugar el poder y el derecho suena difícil pero no imposible, hay quienes se aferran a que las leyes digan una cosa y que el poder se ejerza de otra forma y a su beneficio, el planteamiento de López Obrador de un Estado fuerte y de un presidente con legitimidad popular es la mejor vía para consolidarnos como país y comenzar a atender los temas torales como la pobreza y el empleo, la línea está marcada, fuera la plutocracia y venga la democracia participativa.

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