miércoles, 12 diciembre, 2018
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La Disputa Aereopuertaria  

Por Uldárico Canto Taracena*

 

Mucho dinero se perdió en una disputa de “visiones distintas”, en torno de una necesidad mexicana: construir un nuevo aeropuerto moderno, eficaz y rentable. La idea de construir la obra era solucionar problemas de congestionamiento pero también de competirle a los mejores aeropuertos del mundo como el de Changi (Singapur), el de Incheon (Corea del Sur), el de Haneda, Tokio (Japón), el de Hong Kong (China), el de Hamad, Doha (Qatar), entre otros.

En esta disputa, estaban, por un lado las asociaciones, cámaras, inversionistas de la obra y actual gobierno federal que defendieron la sede de Texcoco. Eduardo Sánchez, vocero de la Presidencia de la República, insistió en que no se podía cancelar el nuevo aeropuerto por decreto. Argumentó que “la conveniencia de hacerlo ahí no fue tomada como una ocurrencia, al contrario, la determinación del lugar fue tomada con base en los estudios que los expertos a nivel internacional llevaron a cabo”. El propio presidente Enrique Peña reiteró que a partir del 1 de diciembre el nuevo gobierno puede decidir qué hacer al respecto, mientras tanto la obra continuaría. Actualmente la construcción tenía un avance del 30%.

El lado radical, lo sostenía Andrés Manuel López Obrador, quien, desde candidato de la izquierdista coalición Juntos Haremos Historia y quien era favorito en las encuestas, prometía que de ganar la elección suspendería la obra. La consulta implementada no tenía valor, porque era la determinación y el compromiso del tabasqueño. El candidato en ese entonces proponía como alternativa construir dos pistas en la base aérea militar de Santa Lucía, a 40 kilómetros al noreste de Ciudad de México. También utilizar la actual terminal aérea para vuelos nacionales. Su proyecto, dice, costaría US$8.900 millones menos que el proyecto en Texcoco. Considerando que el caso del proyecto en proceso, se garantizaría el pago de los contratos ya acordados.

La médula espinal que sostenía el presidente electo, AMLO, quien escribió en sus redes sociales “La construcción del nuevo aeropuerto en el Lago de Texcoco es literalmente un barril sin fondo; otro atraco de la mafia del poder en contra del pueblo y de la nación”. Posteriormente agregaría que ya tenían en puerta miles de hectáreas alrededor del Nuevo Aeropuerto para desarrollo de viviendas, donde compraron barato y “los mafiosos” aumentarían sus fortunas.

El resultado final de la disputa, entre las partes encontradas, fue que AMLO y Morena perdieron el debate público, pero no la decisión final. Esto es, nada convenció a López Obrador que, frente a la situación complicada, determinó políticamente negociar, máxime que se gestaba un clima de inestabilidad financiera, al grado que se perdieron miles de millones de pesos.

Se celebra que, para el bien del país, los involucrados en la disputa, se sentaron en torno de una mesa, y tal como se han solucionado todos los desacuerdos políticos en México, firmaron la pipa de la paz. Reconociéndose entre ellos quién será el nuevo jefe, esto es, pareciera que dijeron “vuelta a la página, vamos para adelante”.

Pero, en el ambiente nacional, quedaron interrogantes que todavía no encuentran explicación alguna. Estas dudas sembradas en el centro de las conciencias, lastiman la credibilidad y laceran el sentimiento mexicano de quienes sufragaron por erradicar vicios, componendas y otros factores que marcaron el proceso electoral inédito de 2018, en la selección del Presidente de México.

¿Por qué no se tomó el camino de demandar a los supuestos corruptos, meterlos a la cárcel, y que a los mexicanos nos informaran con nombres y apellidos, quiénes son?

¿Por qué dijo el presidente electo que se indemnizaría a los inversionistas, en vez de utilizar esos recursos públicos para terminar la obra, o si se desea, para otros proyectos sociales?

¿Por qué se habla de más de 60 estudios científicos e internacionales que avalaron Texcoco como sede, mientras que el de Santa Lucía, que prefiere AMLO, tiene escasos estudios, e incluso, el más importante que presumieron elaborado por Francia, este país no avaló el proyecto?

No entendemos los mexicanos, el ingeniero José María Riobóo, constructor de los segundos pisos, cuando AMLO era jefe de gobierno del DF, entró a la licitación de la obra aeroportuaria de Texcoco, perdió y después se dedicó a promover Santa Lucía. El detalle que nos da un mar de dudas es que se nombra como director del proyecto Santa Lucía al socio principal de Riobóo.

En suma, los mexicanos no tendremos un aeropuerto internacional competitivo; tal vez sí desahogue congestionamientos, porque el que piensa construir el presidente electo, lo dividió en tres partes: un segmento quedará en el actual aeropuerto, otro en Toluca y otro en Santa Lucía. Tampoco nos quedó claro, en la paralización de la obra de Texcoco, dónde gana el pueblo, si no se castigó a nadie sino por el contrario se les indemniza y se les ofrece más obra pública. ¿Esto le dará más credibilidad al nuevo gobierno que jefaturará Andrés Manuel López Obrador?

*Sociólogo. Maestría en Administración. Doctorado en Alta Dirección.