jueves, 24 septiembre, 2020
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El control de emociones es una de las principales características del político tabasqueños que hoy más que nunca está cerca de la Presidencia del país, afirma su chofer, su confidente Jesús Falcón.

“Andrés Manuel hace de la terquedad una virtud”: Chuy Falcón

 

Por: Luis Enrique Martínez

Una mañana de abril de 1982, después del 28 de marzo cuando despertó el volcán El Chichonal, Andrés Manuel López Obrador apareció en la casa de Chuy Falcón. Obtenida la confianza previamente, pidió al anfitrión lo acompañara al aeropuerto de Minatitlán. Un imprevisto en esa ciudad, sin embargo, impidió el traslado en avión a la capital del país por carretera y, además, prolongó el viaje hasta Anenecuilco, Morelos, donde se ubicaba la casa de descanso de Enrique González Pedrero.

Al concluir el fin de semana, en el trayecto de regreso a Villahermosa, López Obrador solicitó al conductor del vehículo, le guardara el primer secreto de muchos revelados durante una relación que duró 22 años, hasta el primer año de la jefatura de gobierno del Distrito Federal cuando a Chuy Falcón le ganó la nostalgia y decidió volver a Tabasco.

“Enrique González Pedrero va a ser el candidato a gobernador”, confió el joven político cuando faltaban menos de seis meses para que el PRI destapara al sucesor del ingeniero Leandro Rovirosa Wade. Y el entonces funcionario de la Secretaría de Educación Pública no aparecía en la “vorágine” de aspirantes encabezados por José Gamas Torruco, Nicolás Reynés Berezaluce y Salvador José Neme Castillo, entre otros.

Durante una hora con 18 minutos, quien con los años se convertiría, quizá, en el auxiliar más cercano del fundador y dos veces candidato presidencial del PRD –luego de José Ángel Jerónimo Jiménez y del desaparecido Alberto Pérez Mendoza, cuya actividad era más intelectual que operativa–, narra pasajes de convivencia con el tabasqueño que por tercera ocasión consecutiva competirá por la presidencia de México, ahora por el partido Morena en 2018.

A Chuy Falcón le gana la emoción cuando trata de recordar la palabra exacta que defina a López Obrador. Se desespera. Golpea con el índice el canto de la mesa del restaurante donde se realiza la entrevista. Hurga en los bolsillos de la camisa y pantalones. Nada. Dice: “Aquí la traía…; luego te la paso”. Y sí. La misma noche del encuentro, se comunica al celular del reportero: “¡Estoico!”, exclama, aún molesto.

De aquella primera confidencia, había recapitulado que Andrés Manuel le insistía: “Es González Pedrero”. Y como “nunca había escuchado el nombre de González Pedrero y no lo conocía…”, Chuy Falcón, dudaba: “Licenciado no será que se está equivocando…”

En la casa de descanso de quien sería mandatario de 1983 hasta 1987, cuando se integró a la campaña presidencial de Carlos Salinas de Gortari, había salido a recibirlos Mario Valenzuela Pedrero, La Fiera: “¿Qué desmadre hay en la tierra?”, preguntó con el tono bravucón que lo caracterizó. Por esos días, las secuelas de la erupción del volcán predominaban en las noticias nacionales. Con marcada anticipación, en Anenecuilco, ya elaboraban el anteproyecto de campaña José Eduardo Beltrán Hernández, Adán Pérez Utrera, Mauricio Merino Huerta y otros. López Obrador era el representante del grupo en Tabasco.

En una de sus giras de campaña por el norte del país, Miguel De la Madrid Hurtado había invitado a González Pedrero. Ahí intercambiaron puntos de vista sobre la república y el PRI. Al final, el candidato presidencial, espetó: “Lo que me acabas de platicar, eso es lo que quiero que hagas en Tabasco”. Más que una recomendación, fue el adelantado destape.

Y cuando el dedo presidencial se materializó, López Obrador llevó a cinco mil indígenas chontales al aeropuerto de Villahermosa a recibir al candidato a gobernador que, de acuerdo al entrevistado, “no conocía a nadie…”

Su salida del PRI

González Pedrero es gobernador. Designa a su principal promotor en la entidad como presidente estatal del PRI. Siete meses después, por diferencias personales, el ahijado político deja ese partido. Y mientras renuncia a la oficialía mayor del gobierno estatal, “por solidaridad”, alrededor de 60 militantes dimiten al Revolucionario Institucional. La carta de la primera deserción masiva priista, la elabora el poeta Ramón Bolívar en la casa del desaparecido fundador de los premios Juchimanes de Plata, Jorge Miguel Luna Cabrera.

A partir del 16 de agosto de 1983, inicia el periplo a la oposición partidista. De lo ocurrido después, el propio López Obrador se ha encargado de difundirlo a través de sus libros y textos periodísticos. De ahí que Chuy Falcón rescata sólo algunos pasajes como la visita que Andrés Manuel hizo a Palenque, Chiapas, a la casa de sus padres, en medio de la duda de aceptar o no la candidatura a gobernador por el Frente Democrático Nacional: “Qué esperas. No siempre has luchado por eso. Además, nosotros nunca hemos sido priistas”, le dijeron, al unísono, don Andrés y doña Manuela.

Y en la campaña a la elección de gobernador, Chuy Falcón confirmó las advertencias previas de su amigo: “No vamos a ganar; no hay dinero, nos van a perseguir, nos van a meter a la cárcel, incluso hasta nos van a matar…” A pesar de ello, recuerda que al día siguiente de la elección del 9 de noviembre de 1988, López Obrador ya estaba recorriendo los 17 municipios: “Su perseverancia, la terquedad, él la convierte en virtud…”

Sin embargo, con el voto de sus paisanos, en 1997, se convierte en presidente nacional del PRD. Tres años después, sin tener la residencia de cinco años, es gobernador del Distrito Federal dejando en el camino partidista a Porfirio Muñoz Ledo, Demetrio Sodi y Pablo Gómez. “El apoyo del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas siempre pesó, fue determinante para el crecimiento político de Andrés Manuel”, recuerda Chuy Falcón.
— Pero ¿cuál es la principal virtud de Andrés Manuel?
— ¡El control de emociones…!—reitera.

“No vamos a ganar; no hay dinero, nos van a perseguir, nos van a meter a la cárcel, incluso hasta nos van a matar…”, advirtió López Obrador al iniciar su difícil trayectoria política como oposición.

“Una de las principales virtudes de Andrés Manuel López Obrador es que con su perseverancia y con la terquedad que lo caracteriza, es capaz de convertir sus problemas en virtudes”