miércoles, 23 septiembre, 2020
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Aquel PRI-Gobierno y el Estado populista

Elías Balcázar Antonio

Ni los viejos priístas saben que la fuerza del PRI en sus años de esplendor se debió a que era el apéndice político de lo que fue un poderoso Estado-empresario. En la medida  que Salinas y sus cómplices se dedicaron a privatizar y apropiarse de las empresas de aquel Estado-empresario y convertirlo en un negocio de amigos, lo fueron desmantelando hasta terminar por debilitarlo: en consecuencia debilitaron también al PRI-gobierno. De aquel poderoso Estado-empresario y de aquel poderoso PRI-gobierno sólo quedó un cascarón. Un recorrido por la historia nos puede dar luces para entender este asunto.

Al terminar el movimiento armado con el triunfo de Álvaro Obregón en 1915 sobre el legendario Francisco Villa y su poderosa División General del Norte y las rebeliones armadas por la presidencia de la República fueron pasando a mejor vida, México aún quedó fracturado, dividido. La primera gran consecuencia de la Revolución surgida en 1910 fue destruir al poderoso Estado porfiriano pero volvió a fracturar a aquel México bronco del siglo XIX que tanto le había costado a don Porfirio Díaz reunificar.

El factor que le dio cohesión y una frágil unidad a México desde 1920 a 1929 fue la presencia del gran caudillo Obregón: en torno a él se subordinaba la mayoría de los caudillos y jefes militares. Es cierto, Calles presidente se apoyó además en lo que fue la poderosa Confederación Regional Obrero Mexicana (CROM) y su muy hábil, valiente y mafioso líder Luis N. Morones. ¡Claro!, todo ello con la anuencia de su paisano y amigo el gran caudillo Álvaro Obregón a quien los demás jefes militares respetaban.

Al ser asesinado Obregón en julio de 1928 el país volvió a quedar acéfalo, al morir el gran caudillo una nueva rebelión armada pareció inminente: el elemento que unificaba a las fuerzas políticas del país se había muerto. Calles actuó con celeridad y astucia: eliminó a su amigo Morones y a los cromistas de sus posiciones, nombró a obregonistas indudables y anunció la necesidad de que México debía superar la era de un solo hombre y debía pasar a una era de instituciones. Con Portes Gil como presidente provisional se dio paso a crear un Partido de la revolución, el Partido Nacional Revolucionario (PNR) y abuelito del PRI: urgía la unidad y la reconciliación en el país.

El PNR no fue un partido de masas. Al PNR ingresaron como perros y gatos dentro de un costal jefes y caudillos militares, líderes sindicales y jefes políticos. Después de tantos años de guerra civil, rebeliones armadas, divisionismos y fracturas políticas las clases sociales estaban desgastadas: el campesino ya estaba cansado de ser usado como carne de cañón sin ver resultados para su bien; la clase obrera estaba harta de ser manipulada por sus líderes y que fuera usada también como carne de cañón, como fue usada por los Batallones Rojos, por Obregón para enfrentarlos a los villistas en 1915. La clase empresarial mexicana era muy débil e insegura: recuerden que el peso del enorme crecimiento que tuvo México durante el porfiriato recayó en manos de una burguesía extranjera (estadounidense, inglesa y francesa). La única gran clase empresarial del país estaba en el Norte y estaba encabezada precisamente por la familia Madero.

En esas condiciones de debilidad y desgaste se encontraban la clase obrera, campesina y empresarial en México cuando surgió el PNR en 1929. Y con todo y PNR o por eso, el país siguió siendo manejado por un solo hombre: Plutarco Elías Calles, el Jefe Máximo, hasta que don Lázaro Cárdenas lo mandó al exilio junto con Tomás Garrido. Terminaban los días del Maximato y se daba inicio a los años del presidencialismo, algo que Calles nunca entendió o no aceptó. Y desde 1935 fue el Presidente de la República el gran Tlatoani sexenal hasta que terminó por morir con Peña Nieto.

La gran novedad con don Lázaro Cárdenas no sólo fue la transformación del PNR de un Partido de jefes y caudillos a un Partido de masas debido precisamente a su política populista y de masas. La transformación del PNR a PRM (1938) no sólo fue cambio de siglas sino de contenido: con el PRM se creaban e integraban a ese Partido, debidamente organizadas la CTM, la CNC, la FETSE y el ejército. Cuando estaba lejos la amenaza de una nueva rebelión armada, el Ejército dejó de ser un miembro del Partido y con el PRI (1946) se integró a una Secretaría de Estado (SEDENA): el Presidente, como jefe del Ejecutivo, pasó a ser jefe supremo de las fuerzas armadas. La FETSE dio paso a la CNOP.

Pero lo más importante y trascendente del nuevo sistema político mexicano fue que el naciente nuevo Estado surgía como el PRINCIPAL Y GRAN EMPRESARIO de México. Dueño de Pemex, de Ferrocarriles Nacionales (surgidos en 1908 a partir de la “nacionalización” que don Porfirio Díaz hizo de los ferrocarriles estadounidenses); luego como gran Estado-empresario sería dueño de la Comisión Federal de Electricidad, sector cuya nacionalización culminó con López Mateos. Luego el creciente Estado-empresario fue dueño de Teléfonos Mexicanos y que Salinas regaló a Carlos Slim. Luego vendrían otras empresas como Altos Hornos de México, Luz y Fuerza, Mexicana de Aviación, Fertimex, entre otras muchas.

El naciente Estado-empresario surgió en medio de una frágil clase empresarial nacional que en los cuarenta y cincuenta estaba en pañales. Recuerden: el gran crecimiento que México tuvo durante el porfiriato se dio por la inversión de grandes capitales gringos, ingleses y franceses. En Tabasco predominaron los capitales españoles y durante los años del “socialista” Garrido predominó la Standard Fruit a través de su filial la Southern Banana Corporation que saqueó a Tabasco ante la anuencia de Garrido.

Y a partir que con don Lázaro Cárdenas se inició el crecimiento y expansión del Estado como gran empresario y la burguesía nacional estaba en pañales, el poder del presidente de México se volvió omnipotente: se daba el lujo de convocar a juntas de trabajo a aquellos banqueros y empresarios nativos, les indicaba directrices de trabajo y de inversión, les indicaba políticas económicas y hasta se dieron casos que los regañaba y les jalaba las orejas. Pero con el sistema se criaron cuervos como la mafia que encabeza Carlos Salinas, cuervos que terminaron por volverse broncudos y amenazadores.

Y el eje medular de la política social del nuevo y poderoso Estado fue el de realizar una estrategia de conciliación y unidad entre las clases sociales: ésta es la esencia del populismo. Al campesino que no quería más lucha armada se le benefició y manipuló con el reparto agrario; a los obreros y a la clase trabajadora en las ciudades se les otorgaron derechos laborales, y se les benefició con una amplia cobertura de educación y servicio médico gratuitos. Durante 22 años se subsidió al transporte, a la industria y al consumidor con una gasolina que tuvo un precio de 85 centavos; la tarifa de energía eléctrica se mantuvo baja durante años y benefició a la sociedad de igual forma que el precio bajo de la gasolina. A los trabajadores de la educación, de Pemex y demás empresas del Estado, a los médicos y burócratas del sector público se les otorgaban plazas, se les respetaba la antigüedad y se les garantizaba la jubilación.

Aquel Estado-empresario mexicano subsidió el paquete de bienes-salario de la clase trabajadora y a la canasta básica y, por tanto, aquella naciente clase empresarial se daba el lujo de pagar bajos salarios en un ambiente de estabilidad social. Además aquella creciente burguesía gozó el estímulo por parte del  gobierno, en el afán de estimular la inversión, de pagar muy bajos impuestos (o no pagar), estímulo al que se mal acostumbró hasta nuestros días: y sigue sin pagar impuestos como Slim y Televisa.

Sobre esta política de conciliación social y unidad de clases sociales estuvo montado el poderío del presidente de la República y de aquel poderoso PRI-gobierno que era una aplanadora. Los demás Partidos eran sólo paleros: la selección  de candidatos las imponía el Tlatoani sexenal de acuerdo con los gobernadores y amigos, las elecciones eran pura fórmula pero la gente estaba conforme y vivía bien. A toda esa política de conciliación y unidad de clases sociales se le llama POPULISMO. Los que saben y no hablan tonteras conocen como POPULISMO a una política conciliadora dentro del sistema capitalista. Obregón y Calles hablaban ya de un socialismo que garantizara la unidad entre las clases sociales, “unidad revolucionaria”, pero que respetara al capital.

Y los que sí saben como don Arnaldo Córdova (qpd), Arturo Anguiano, Octavio Ianni, Enrique Semo, etc., señalan de manera reiterada que esa política populista se puede dar cuando el gobierno dispone de amplios EXCEDENTES ECONÓMICOS que le permitan beneficiar a todas las clases sociales y garantizar así la estabilidad política y social. Todo ese modelo económico, político y social fue desmantelado por la política privatizadora que inició Carlos Salinas y que dirigió por treinta años. Con las privatizaciones de las empresas del Estado por Salinas y cómplices, esta mafia privatizó las utilidades del Estado, terminó por demoler a aquel Estado-empresario y eliminó sus fuentes de EXCEDENTES ECONÓMICOS: hicieron del patrimonio nacional un negocio privado. Y dentro de esa mafiosa ola de privatizaciones se llevaron entre las patas de los caballos a lo que fuera el poderosísimo PRI-gobierno y su posibilidad de una política populista. De este Partido sólo quedó un cascarón. No me imagino cómo le piensan hacer quienes sueñan que pueden resucitar al PRI. ¿Con qué?, ¿con desprestigio?

Para entender el fenómeno AMLO y los arrolladores resultados que obtuvo MORENA el pasado primero de julio, terminaré parafraseando unas ideas de Karl Marx cuando habla de la necesidad histórica del bonapartismo (populismo): Si la burguesía no puede controlar por más tiempo los conflictos internos y éstos llegan a amenazar la estabilidad del sistema y su existencia como clase social, su preservación como clase exige que ceda el poder a otras manos más firmes. Y estas manos son las de AMLO quien además es el único elemento de conciliación que tiene hoy México y el sistema.