miércoles, 30 septiembre, 2020
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Solicitan cientos el estatus de refugiados de guerra para quedarse en el país; en 2016, 600 niños sin acompañante llegaron al albergue llamado La 72.

Arde la Frontera Sur; Aumenta la población centroamericana en Tabasco

 

 

POR OCTAVIO NOVELO ZETINA

Mientras que en la frontera norte se debate la posibilidad de instalar un muro, en el sureste de México a nadie parece importarle el creciente fenómeno migratorio que presenta ahora una nueva modalidad, la de la solicitud de cientos del estatus de refugiados de guerra que les permite transitar e incluso establecerse a lo largo y ancho de la república en busca de trabajo y servicios médicos que les son negados en sus lugares de origen.

Apenas el año pasado cerca de 600 niños sin acompañante llegaron al albergue llamado La 72 que se localiza en Tenosique de Pino Suárez sin que autoridad municipal o estatal les brinde un mínimo de asistencia, gesto que revela la hipocresía de un régimen que exige por un lado respeto a los derechos humanos de los connacionales que intentan pasar el Río Bravo pero que lo niegan sistemáticamente a los centroamericanos que a diario cruzan el Suchiate.

La expulsión forzada de miles de guatemaltecos, hondureños y salvadoreños se ha visto incrementada porque ahora no solo es el hambre la que los mueve sino las constantes amenazas de la delincuencia organizada que los secuestra y persigue en su propia tierra. Para muchos de las víctimas que prefieren guardar el anonimato, son los Estados Unidos la causa, en mayor o menor medida, lo que han incidido en la desestabilización de sus países mediante el respaldo de gobiernos a modo desde los años setenta.

En este marco y entrevistado en exclusiva, Fray Tomás González, activista y protector de los migrantes lamenta el desdén de la administración estatal perredista pero igualmente de la municipal que jefatura el PRI que nada están haciendo para intervenir en el auxilio de los miles que mes a mes llegan al estado ya no solo de paso sino con miras a establecerse permanentemente pese al rechazo de los lugareños.

Ya en el pasado reciente, recuerda, el gobierno federal a través del programa Frontera Sur desató una persecución en contra de los migrantes que nada más en el 2016 causó la muerte de doce de ellos en la región y no hubo Congreso, presidente o gobernador que tomara cartas en el asunto, de ahí la hipocresía en la aparente inconformidad con la postura del gobierno norteamericano al que se le pide un respeto que de este lado se le niega a miles a los que se criminaliza sin razón.

“Se está haciendo un llamado por la unidad nacional a propósito de los ataques de Trump, pero paralelamente deberíamos hacer un frente común regional para atender el fenómeno de la migración no solo en términos de sus derechos humanos sino de su desarrollo social y económico”, argumenta el religioso quien insiste que pese a las denuncias que documentan y denuncian se carece de atención de parte de las autoridades.

Cada vez son más los que se quedan

Añade que con los ayuntamientos pasa igual; ni siquiera en el tema de seguridad del que dicen estar interesados, existe intercambio de información, trabajo conjunto ni siquiera una mínima interrelación en aras de coordinar esfuerzos. “Lleva Núñez cuatro informes y la materia no es siquiera mencionada; tampoco partidos o dirigentes muestran interés quizá porque no les reditúa políticamente ya que los migrantes no votan”.

“Hoy se están quedando muchos de ellos y de una manera definitiva a pedir al Estado Mexicano los reconozca como refugiados de guerra porque ya no es el hambre sino la violencia la que los está expulsando de sus hogares. El índice en ese rubro ha crecido, nada menos el año pasado fueron 712 las personas que solicitaron ese derecho, lo cual también hay que decirlo no les garantiza mucho, si acaso de que si son deportados ya no sean regresados a sus países sino que los dejen aquí. Nada más el año pasado llegaron más mujeres y niños, cerca de 600 solos”, continúa relatando.

Fray Tomás destaca que quien sí los ha ayudado y es solidario es el obispo Gerardo de Jesús quien los visita y tramita apoyos varios a través de Cáritas. Reconoce asimismo que con personajes como Alejandro Solalinde o el Centro de Derechos Humanos “Fray Matías de Córdova” sostiene una agenda regional conjunta y que en próximos días celebrarán varias reuniones.

Tabasco necesita legislar al respecto

Aunque reconoce escéptico que no es de los políticos de quienes vendrán las soluciones, no obstante y en la coyuntura de un proceso constitucional que se avecina, subraya que este es el momento de que se hagan cargo de la población centroamericana y su problemática. “Por ejemplo hemos insistido que en Tabasco debería existir una ley de migración local de hospitalidad y un Instituto para las Migraciones porque también hay tabasqueños fuera del estado en condiciones difíciles pero ninguno hace caso. Ellos están obligados a plantear políticas públicas sobre el tema, critica.

Al margen del papel de los gobiernos, el prelado considera que el tabasqueño debe salir de su letargo e involucrarse en estos asuntos que de una u otra forma también les tocan. “Aquí la gente está sometida, no ha habido transición, gobierna otro color distinto pero son iguales, se dicen de izquierda pero no se nota y esto ha hecho un daño letal en la conciencia política y social del ciudadano”, concluye pesimista.

Ya no se quieren ir

Para la activista norteamericana Elsa Engström, miembro de la organización No Más Muertes (http://forms.nomoredeaths.org/es/) con sede en Arizona y quien tiene ya varios meses en La 72 asistiendo en el cuidado de los menores y las mujeres, está claro que los cientos de albergados ya no se quieren ir de México porque vienen huyendo y temen volver. “Lamento que mi país agudice la problemática pero tan pronto regrese me sumaré a los manifestantes en apoyo a esta gente”.