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La otrora capital del oro negro, donde la economía permitía un estilo de vida de derroches, ahora luce estancada; a la espera de contratos, con desempleados deambulando por las calles y negocios al borde de la quiebra.

Carmen: ciudad fantasma

 

Redacción/Agencias

@Revista_Grilla

 

¿Qué hace tan importante a Ciudad del Carmen? Ni más ni menos que Cantarell, el campo petrolero más importante de México y el segundo más grande del mundo, después del Ghawar, de Arabia Saudita. En su época dorada produjo hasta 2.5 millones de barriles de crudo ligero al día; con el desplome de precios en 2014, para 2015 el sueño terminaba con recortes presupuestales y de personal, convirtiendo a lo que Carmen es para sus habitantes: la nostalgia de los buenos tiempos.

 

Junto con Veracruz y Tabasco, Campeche forma parte de la franja del Golfo de México que durante décadas obtuvo los beneficios de la extracción de gas natural y petróleo; tras la reforma energética, Pemex dejó de ser para los mexicanos, así infieren los trabajadores que esperan el llamado para subir a plataforma, ya que dicen, “con la llegada de empresas extranjeras contratan a muy pocos mexicanos, ya traen la mano de obra”.

 

Grave error

Lo lamentable es que todos olvidaron que el petróleo es un recurso natural no renovable; empresarios, empleados, comerciantes y arrendadores gastaron elevadas ganancias y jugosos sueldos sin prever una debacle. Invirtieron en autos, casas, diversión, prostitución y alcohol, distractores para los hombres que permanecían semanas alejados de su familia.

 

Miriam Grunstein Dickter, investigadora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), advierte que el principal error fue confiar en el petróleo al grado de volverse totalmente dependiente de él. “Ha sido muy mala idea tener nuestras expectativas en la industria petrolera, estás sentenciado a una muerte lenta y dolorosa, y eso es lo que nos está sucediendo. Es un problema de políticas de los estados, de gobernantes muy irresponsables, que no fomentaron el desarrollo de otras fuentes de ingreso que no fuera la actividad petrolera”.

 

Experta en energéticos, Grunstein reconoce que  “Cantarell ha sido un gran descubrimiento y a la vez una gran tragedia para México… ese campo producía crudo ligero, fácil de refinar, de buena calidad y, por ello, fácil de comercializar. Pemex se dedicó de lleno a este ‘crudo fácil’ y descuidó la explotación de campos terrestres en el sureste y la industria del gas.

 

 

La caída

Los precios del petróleo se desplomaron en 2014 y, para enero de 2015, Pemex anunció un recorte por 21 mil 300 millones de pesos a efectuarse de 2014 a 2018, en contratación de servicios, bienes, arrendamiento y obra pública; otro recorte vino al descontar 62 mil millones de pesos en el presupuesto, que orilló a sacrificar proyectos de refinación.

 

En cascada, llegaron los despidos, la paraestatal recortó 15 mil plazas en 2015, otras 10 mil en 2016 y nueve mil más proyectadas para este 2017. Las prestadoras de servicios como Schlumberger, hicieron lo propio: eliminó ocho mil empleos en México; British Petroleum canceló cuatro mil plazas en todo el mundo y la estadunidense Halliburton otras seis mil. Cotemar —empresa que dan servicios en plataformas— recortó dos mil 300 empleados.

 

Desolación

Muchos arrendatarios que antes podían vivir sin preocuparse, han tenido que bajar más de 50 por ciento sus tarifas, así ocurre con hoteles que hace años tenían ocupación llena con empleados de plataforma, ya fuera antes de subir, al bajar, o bien si debían esperar a que pasara el mal tiempo. “El 60 por ciento de los clientes eran trabajadores de las compañías, ahora ya no vienen”, asegura el encargado de un hotel.

Ante el desempleo, el hospital regional de Pemex también carece de pacientes y personal médico. A partir de los recortes, muchos doctores salieron de la ciudad, ya que son originarios de otros estados. Llama la atención la fachada de un edificio corporativo en la Calle 60, de la que cuelga una manta con el letrero de ‘Se renta’; “Pemex lo compró y ahora lo tiene ahí abandonado, nadie se los renta porque sale muy caro pero Pemex ya no lo usa”, comenta un ingeniero que trabaja para Binsmar, una de las empresas que conservan los contratos con la petrolera.

 

La industria restaurantera, así como los pequeños comercios –incluso el ambulantaje- padecen el ocaso económico; en sitios que había que esperar la asignación de una mesa, ahora la ocupación es a un 30 por ciento, donde tenían siete o 10 meseros, ahora con dos es suficiente.