jueves, 3 diciembre, 2020
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Entre el lenguaje universal de los acordes, estos pequeños forjan fantasías y conocen el mundo.

#DíaDelNiño Música… ¡Maestro!

Por Flor García Morales
@FlorGarciaMora1

Orlando ha descubierto el poder que la clave de Sol detona en el piano eléctrico. Asegura que nació con la música, pues a sus nueve años ya domina también la batería, la flauta y la armónica; instrumentos que ha conocido a través del sistema Braille.

Ni la oscuridad generada por una retinopatía prematura, roba los sueños de Orlando, pues tiene claro que quiere ser maestro de música y enseñar a los niños a descubrir el misticismo que ha descifrado entre claves y símbolos brailles.

Sensibilidad y sentidos

Para conocer el mundo no siempre se mira con los ojos, hay ocasiones en que se aprende a través de sus sonidos, sus formas y sus sabores, así es como comienzan a conocer su entorno aquellos que por algún motivo, sabrá Dios cual, no han tenido la fortuna de contar con el sentido de la vista, como los niños que en medio de la oscuridad han descubierto un mundo maravilloso.

Como regalo del Día del niño no todos piden juguetes, para algunos bastaría con la oportunidad de mirar por una sola vez los ojos de sus padres o descubrir en un espejo su propio rostro.

Itzel Valeria tiene 11 años, nunca ha mirado la curva que en su rostro se dibuja con cada expresión y a pesar de ello no ha dejado de sonreír y soñar con ser algún día una gran abogada para ayudar a mujeres víctimas de la violencia.

Concentrada en los relieves de las letras que ha aprendido a leer gracias a sus maestras, Itzel escribe su nombre, datos personales y frases que ha leído de algunos libros en Braille, aunque confiesa que lo que más disfruta de su escuela, es la música.

Ella asiste al Centro Integral para Ciegos y Débiles Visuales, Pachela Rovirosa de Gaudiano, desde que tenía cuatro años, “lo que más me gusta es que allí empecé a cantar con mis compañeros a los cinco años y he aprendido que la música es una manera de expresar lo que siento, y por eso canto”.

Un ritmo difícil para Mili

Milagros del Rosario, a sus 10 años también ha encontrado en la música su mejor inspiración. Ella llega a la misma escuela desde que tenía seis meses e inició en estimulación temprana.

“Cuando entré al kínder fue muy difícil para mí pues mis maestros no estaban preparados para atender a una niña con discapacidad visual y tuve muchos problemas, yo no era como el resto de mis compañeros”, agregó Mili, como le llaman sus amigos.

Luego de jugar a los policías y ladrones con sus compañeros a la hora del recreo, Mili contó parte de su experiencia académica: “En la primaria aprendí a leer, escribir, las labores de la casa, pero con la ayuda de mis maestras en esta escuela, pues a la primaria donde acudo es más difícil seguir el ritmo de mis compañeros que si pueden ver, pero aquí aprendí que siempre tendré que esforzarme el doble en todo lo que haga”.

Pero no por ello la pequeña Mili deja de soñar y cuando sea grande quiere ser bióloga para especializarme en herpetología, “lo sé porque siempre me gusta aprender sobre serpientes e investigar sobre la vida de estas especies”.

 

La música, un gusto en común

Marco Antonio llegó al Centro Integral para Ciegos a los ocho meses de edad debido a un desprendimiento de retina, al crecer no comprendía porque el carecer del sentido de la vista le hacía diferente a los demás y eso lo hizo ser callado, temeroso de un mundo al que no podía ver.

Pero al llegar a este centro educativo, convivir con otros niños como él e incluso formar parte de una agrupación musical le ayudó a conocer el lado más dulce de la vida.

“En el kínder mi maestra no sabía cómo enseñarme, pero aquí he aprendido a valerme por mí mismo y mis amigos y yo nos llevamos muy bien, sobre todo porque tenemos gustos parecidos como la música, yo toco la batería y siento que puedo lograr lo que quiera”, señaló con entusiasmo.

Para estos niños que forman parte del Centro Integral para Ciegos y Débiles Visuales, la ausencia de un sentido sólo significa que su meta requerirá el doble de esfuerzos, pero esto representa la oportunidad de agudizar el resto de ellos y en este camino de oscuridad la música se ha convertido en su mejor acompañante.

Al igual que ellos otros pequeños algunos con diagnósticos más complejos luchan por salir adelante en este centro educativo al que asisten 30 niños de preescolar, 14 de primaria y 120 adultos en el que apoyan 17 profesores de distintas áreas y para lo cual no sólo se requiere del entusiasmo de sus estudiantes, sino también del apoyo y amor de sus seres queridos.