miércoles, 23 septiembre, 2020
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Diputados infieles: lo negro del Congreso

Aparecer en las placas de bronce fue el pago a los renegados del PRD y PAN que en la Legislatura 55 sucumbieron al poderoso don dinero, aunque ahora deambulen cual fantasmas de la desvergüenza al frente de movimientos sociales.

POR LUIS ENRIQUE MARTÍNEZ

14361263_1285914841420651_516774380581896212_oComo si las deslealtades fueran ejemplo de moral política, los muros del auditorio del Congreso estatal reviven nombres de quienes por un “plato de lentejas” perdieron la conciencia partidista.

Aparecer en las placas de bronce fue el pago a los renegados del PRD y PAN que en la Legislatura 55 (1995-1997) sucumbieron al poderoso don dinero aunque ahora deambulen cual fantasmas de la desvergüenza al frente de movimientos sociales como el caso de Julio César Álvarez Santos o sumidos en la burocracia como Gonzalo Zentella De Dios.

Es cierto, la retratística legislativa tiene claroscuros. El caso de Manuel Fernández Martínez cumple esos requisitos: durante el periodo 1980-1982, fue diputado del PRI sin pena ni gloria. Trece años después, en la Legislatura 55, retornó al pleno ahora como militante del PRD para dejar boquiabiertos a propios y extraños: en toda la historia del Poder Legislativo de Tabasco, es el único diputado que, hasta la fecha, ha subido a la tribuna para dirigir un discurso en latín.

La histórica intervención del fallecido político que abandonó al PRI antes de regresar a la soberanía como opositor, contrasta con las traiciones que prohijó el diputado Manuel Andrade Díaz como presidente de la Gran Comisión de la Legislatura 56. Y, en términos coloquiales, todos los infieles andan dando lástima, pena ajena.

Al cabo de los años, todavía acicalándose el bigote de charro, Loreto Guzmán López mendiga apoyo en la Cámara de Diputados. También, Joaquín Álvarez Ruiz que presumiblemente está involucrado en la delincuencia organizada en Huimanguillo o Luis Rey Carrasco Linares, quien sigue sacándole provecho a la representación de la Escuela Superior de Chapingo para no salir del presupuesto: fue funcionario de la administración granierista y recientemente fue electo consejero ciudadano del Comité Estatal de Derechos Humanos.

Sigue la compra de garaje

diputadosindependientes-2Con el nuevo siglo, Florizel Medina Péreznieto continuó la compra de garaje. En la Legislatura 57, Sebastián Izquierdo Gómez del PRD fue el último en caer en la traición en la que desde muy temprano entraron de manera campechaneada, los panistas María Yolanda Cabal Gómez y Félix Jorge David González: sólo apoyaban al PRI cuando la acción lo ameritaba.

Un trienio después, cuando se creó la Junta de Coordinación Política para desparecer la Gran Comisión (2004), la lista de renegados del PRD incluyó a Pedro Sergio Grimaldo Romo, Luis Federico Pérez Maldonado, Adolfo Díaz Orueta, Rosario Mendoza Hernández, Lázaro Méndez López, Benjamín Mendoza Chablé, José Luis Sánchez López…y también a los panistas Antonio Lope Báez y Miriam de Fátima Seca Méndez y a la suplente de ésta Adriana Magaña Balcázar.

Ya con los años encima, algunos se jubilaron del magisterio, otros regresaron a sus consultorios médicos, a las labores del hogar, al comercio o a sus empresas pero la mayoría están olvidados políticamente.

En la Legislatura 59, la historia se repitió: Karina González Balcázar que llegó con la plataforma partidista del PAN, en 2009 terminó en el PRI; Roselia Elvira López López y Crisanto Salazar Ruíz dejaron al PRD así como Delia María Montejo De Dios había abandonado, previamente, al PRI para obtener la curul que tantas veces le negó este partido aunque luego regresaría a las filas del tricolor.

De las traiciones registradas durante el periodo 2007-2009 fue testigo privilegiado el entonces diputado del PAN, José Antonio De la Vegas Asmitia, así como el actual dirigente estatal del Morena, Adán Augusto López Hernández y el aspirante a participar en la elección de gobernador en 2018, Oscar Cantón Zetina.

Descarada compra de conciencias

Con la Legislatura 60, la supuesta compra de conciencias fue más evidente. La urgencia de proteger a la administración granierista, impulsó a quienes compartieron la presidencia de la JUCOPO (José Carlos Ocaña Becerra y Marcela de Jesús González García) a engordar las filas del PRI con los perredistas Jesús González González, Fernando Enrique Gómez Ascencio, Luis Alonso Manzano Rosas y…también con los panistas Juan Francisco Cáceres De la Fuente, Alberto De la Cruz Pozo y Javier Calderón Mena; y, entre ellos, el del PVEM Pascual Bellizzia Rosique y Andrés Ceballos Ávalos del PT.

Es necesario aclarar que algunas de las deslealtades se vistieron con el ropaje de las diferencias personales con las dirigencias partidistas o también con los respectivos correligionarios en las presidencias municipales o por malentendidos con los compañeros de bancada como ocurrió en la Legislatura 61 y se confirma en la Legislatura 62.

Como los casos de Juan Pablo De la Fuente Utrilla, José Atila Morales Ruiz, Leticia Palacios Caballero, Patricia Hernández Calderón y Zoila Margarita Isidro Pérez, que en distintos momentos renunciaron a las filas del Morena y PRI para declararse independientes, también está el de Jovita Segovia Vázquez que abandonó al coordinador del Movimiento Ciudadano, Gaspar Córdova Hernández, para secundar a la bancada del PRI.

La calentura política electoral también hizo naufragar principios: Rosalinda López Hernández dejó al PRD para ser candidata del PVEM a la presidencia municipal de Centro; en esa aventura la siguió Verónica Pérez Rojas que, contradictoriamente, dejó las filas perredistas pero no la bancada de ese partido en el Congreso.

Y el caso de Andrés Cáceres Álvarez termina por pintar la negra historia de la Cámara de Diputados: llegó y coordinó la bancada del Partido del Trabajo; luego tuvo un fugaz pasó como independiente y, al final, como parece ocurrirá con los recientes renegados, terminó protegido en el paraguas político del PRD.

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En la Legislatura 57, Sebastián Izquierdo Gómez del PRD fue el último en caer en la traición en la que desde muy temprano entraron de manera campechaneada, los panistas María Yolanda Cabal Gómez y Félix Jorge David González.

Ya con los años encima, algunos se jubilaron del magisterio, otros regresaron a sus consultorios médicos, a las labores del hogar, al comercio o a sus empresas pero la mayoría están olvidados políticamente.

Con la Legislatura 60, la supuesta compra de conciencias fue más evidente. La urgencia de proteger a la administración granierista, impulsó a la presidencia de la Jucopo a engordar las filas del PRI con perredistas.