miércoles, 23 septiembre, 2020
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Son demasiados errores, la gente ya está harta; ya la gente cambió al PRI por el PAN y fue exactamente lo mismo. “Creo que 2018 es la última de nosotros…”, dice a revista Grilla quien lleva ya 35 años como confidente de López Obrador.

“En el 2018 veo a Andrés Manuel como Presidente” JOSÉ ÁNGEL JERÓNIMO JIMÉNEZ

Por: Luis Enrique Martínez

A inicios de la década de los ochentas, el desempleo fortaleció la amistad de dos condiscípulos egresados de la licenciatura en nutrición en la Universidad Veracruzana, pero a la vez fue el inesperado camino para conocer e iniciar una larga amistad y experiencia política con Andrés Manuel López Obrador, a quien, uno de ellos, José Ángel Jerónimo Jiménez (Gelo), perfila como presidente de México en 2018:
“Es la última, ya no hay más. Sí, lo veo como presidente. Me parece que, ahora más que nunca, hasta el mismo sistema le está poniendo la bola pa´que la batee. Son demasiados errores, la gente ya está harta; ya la gente cambió al PRI por el PAN, y fue exactamente lo mismo. Creo que 2018 es la última de nosotros…”, reflexiona en entrevista con revista Grilla.
La convivencia en las aulas desde 1975, pasó a la fuente laboral del desaparecido Instituto Nacional Indigenista; luego a la campaña a gobernador de Enrique González Pedrero; a la dirigencia estatal del PRI hasta el 16 de agosto de 1983; y después al Frente Democrático Nacional, PRD y, ahora, al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).
Pero a diferencia de Chuy Falcón que siguió a López Obrador a la dirigencia nacional del PRD y, posteriormente, en el inicio de la jefatura de gobierno del entonces Distrito Federal, Gelo optó por un distanciamiento tras el éxodo por la democracia de 1991 –después de 50 días, termina el 10 de enero de 1992– y la elección de Darvin González Ballina como dirigente partidista local, que lo llevó a incursionar a la península yucateca pero atento al desarrollo político nacional de su paisano.
A la vuelta de los años, Gelo se convirtió en el primer auxiliar, colaborador cercano, confidente o chofer de López Obrador a partir de 1988, cuando éste compitió por vez primera por la gubernatura de Tabasco. Esa es la imborrable experiencia que narra cual incipiente aceptación de convertirla en libro como algunos familiares y amigos le sugieren. Y lo hace aclarando paradas: “¡Jamás me afilié al PRI!”, dice invocando sus años como universitario comprometido.
Tras reseñar el affaire González Pedrero-López Obrador-Gustavo Rosario Torres, cuando Carlos Manuel Rovirosa Ruiz, director de Desarrollo Agropecuario del ayuntamiento de Centro en 1983, trató de sobornarlo concediéndole “una lana”, Gelo repasa, sucintamente, el nacimiento de la oposición partidista, ahora convertida en gobierno:
“En 1988 me entero de que Andrés Manuel iba a ser candidato. Le marco por teléfono al Distrito Federal y me dice: “Sí, voy pa´ya. Avísale a los amigos que se quieran sumar”. A partir de esa hora empiezo a recorrer las casas de todos los conocidos, y muchos dicen: “No voy, pues tengo trabajo seguro; eso es una aventura”. Otros como Dorilián (Díaz Pérez), exclaman: “Si, compa. Voy”. Le hablé a Rafael Marín y a Lacho Heredia, que son los que iniciamos. Entonces, Chuy (Falcón) se va con él a la campaña; me quedo en la oficina que estaba en Méndez y Castillo. Andrés Manuel no acostumbra dar cargos. Pero me convirtió en una especie de su secretario particular y Chuy en su asistente particular, por decirlo así. Hay gente que dice “son los choferes” pero realmente, no es menospreciar ese trabajo, sino que simple y sencillamente, la labor de uno es acompañarlo, ayudarlo en todo; te haces cargo de muchas cosas a la vez…
Perdemos la elección. Vamos a la organización del partido. Chuy se ausenta, asumo su papel. Lidia Izquierdo se queda en la oficina. Visitamos todas las comunidades de Tabasco hasta en dos ocasiones en un automóvil Dodge color hueso. Posteriormente, la dirigencia nacional cede una Vam a la cual se le puso la leyenda “Veneno para las ratas”.
En uno de esos recorridos, como hablábamos de todo, a veces temas personales, imagínate los dos solos… Yo tenía buena relación con su esposa (Rocío Beltrán Calzada –qepd-), una persona bien valiosa que, siempre he dicho: “si ella estuviera viva, Andrés ya hubiese sido presidente”. Lo ubicaba. Era una mujer súper inteligente. Cuando le ganaba la pasión, ella decía: “No, no, no, tú estás mal. Eso no es así”. –No, tú no te metas. Tú no sabes de esto–, replicaba Andrés, aunque al final, reflexionaba y sentía que su mujer tenía razón…
Entonces, en el caminar él y yo, me dijo: “Oye ¿y qué dicen los compañeros? ¿Qué quieren? ¿Qué quiere Dorilián, qué quiere Nicolás (Lacho)…” Respondí: “Nicolás quiere ser presidente municipal de Centro y Dorilián quiere ser diputado y así…” Preguntó: “¿Y tú?” “No, yo nada. Me gusta andar contigo…” –Tienes razón: tú estás destinado a andar conmigo toda la vida…–, vaticinó. Y aquí estamos, después de 35 años de conocernos…”