jueves, 24 septiembre, 2020
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El petróleo deja contaminación y pobreza en Tabasco. En La Isla, Cunduacán, de 900 pozos sólo quedan 150, y el dinero que destina PEMEX para obras sociales, se lo engullen las ONG´s de portafolio

En la Isla, 120mil respiran veneno

Por Mariel Arroyo
Revista Grilla

“Ya no quiero mandar a mi hija a la escuela porque se me va a enfermar y después, ¿de dónde saco dinero para la medicina?”, se queja una madre preocupada porque su hija de nueve años estudia en la primaria Fernando E. Gonzalí, en la cuarta sección de la ranchería Anacleto Canabal, municipio de Centro, donde desde hace dos meses el Consorcio Luvo S. de R.L. de C.V rellena cinco hectáreas de un terreno junto a la escuela, con lodos de desecho de perforación de pozos petroleros.

Los lodos de perforación contienen sosa cáustica, gas clorhídrico y sales industriales que provocan reacciones alérgicas que incluyen vómito, mareo, fiebre, dolor de estómago e irritación en los ojos. La señora Teresa afirma que su hijo llegó a casa un día con dolor y calentura, por lo que lo tuvo que llevar al doctor, pero hay mamás que no tienen con qué pagar y en el centro de salud no hay médico.

En la escuela hay matriculados 300 niños, aunque también los maestros se ven afectados, pues se trata de un plantel de tiempo completo. Los malestares se manifestaron al volver de vacaciones de semana santa, pues con el calor los gases tóxicos de los lodos de perforación se evaporan. Para colmo, junto a la escuela está asentado también el pozo y la potabilizadora que surte a la zona.

“Estamos empezando a sentir consecuencias del relleno porque están metiendo material pétreo de recorte de perforación, los niños se han empezado a sentir con vómito, dolor de cabeza, dolor de garganta, problemas gastrointestinales y la empresa dice que no pasa nada”, afirma Guadalupe Morales Vera, delegado de la localidad. “No nos quisieron dar información acerca de las actividades que se están realizando ni de las actividades a las que se va a dedicar la empresa”, se queja.

De la situación el director de la escuela informó a la Secretaría de Educación a través de un oficio, pues los padres de familia han llegado a considerar dejar de enviar a sus hijos a clases porque está en riesgo su salud.

Francisco Urbina Aguilar, subcoordinador de riesgos de Protección Civil del Ayuntamiento de Centro, acudió a las instalaciones del plantel para hacer un recorrido y constató que la empresa sí tiene permiso para llevar a cabo las obras, pero no con ese tipo de relleno que es tóxico y no debe usarse cerca de centros de población.

“Nosotros no podemos intervenir directamente en ese terreno porque es de otra jurisdicción, es del municipio de Cunduacán, aunque resulta afectada la población de Centro”, señaló el funcionario. Y es que, aunque a escasos pasos de la escuela primaria, el terreno está bajo la jurisdicción de Cunduacán, pues se ubica en la segunda sección de la ranchería Cumuapa.

Una historia de afectaciones

“Nosotros aquí tenemos desde hace más de 40 años a PEMEX. Esta zona, toda La Isla, era una zona económica de bastante importancia, éramos productores de plátano. Desde que llegó el petróleo nos lavaron el cerebro de que si dejábamos entrar  PEMEX iba a haber trabajo para todos en La Isla e iba a ser un emporio, pero las instalaciones las hicieron en plantaciones de plátano, de cacao, de todo lo que había y hoy, a más de 40 años, nuestra agricultura se cayó totalmente”, señala Nicolás Sánchez Silva, presidente del Consejo rural para el rescate productivo de La Isla, una zona que aglutina a 53 comunidades y más de 120 mil habitantes asentados en los alrededores de la cartera Villahermosa-Cárdenas, a la salida de la capital del estado.

Don Nicolás asegura que, a consecuencia de la contaminación acumulada por las actividades de PEMEX, ahora tienen que usar mucho fertilizante para cosechar 40 por ciento de lo que antes producían sin nada más que el sol, el agua y la tierra, aunque la calidad ya no es la misma.

“Todo el lagunerío que había, lo secaron. Drenaron las aguas y las tiraron al Carrizal, al Mezcalapa, al Samaria y nos dejaron hasta sin alimentación porque ahí había toda clase de peces. Lo único que tenemos son enfermedades, porque se contaminó tierra, aire y agua”, reclama.

Reclaman apoyos

En La Isla, donde siguen operando aproximadamente 150 pozos petroleros de 900 que hubo, hay más de 10 mil solicitudes de apoyo por parte de pequeños productores. El reclamo de los campesinos es que, mientras continúen las actividades de PEMEX y sus afectaciones, están en la obligación de apoyar a la comunidad; sin embargo, rechazan ser convertidos en limosneros y depender de sus recursos: lo que piden es apoyo para desarrollar proyectos que les permitan desarrollarse y vivir.

En 2013 y 2014 la Empresa Productiva del Estado les proporcionó algunos apoyos, como fertilizantes, herramientas y pollos para crianza, de los que se les informó el monto total de los recursos empleados. Sin embargo, este año PEMEX pretende otorgarles nada más un saco de fertilizante por hectárea, lo que rechazaron porque aseguran que no les sirve para nada, además de que no les han dicho a cuánto asciende el monto aprobado para apoyarlos.

Parte de la inconformidad, explica José Jiménez Rivera, es que ahora los apoyos se proporcionarán a través del Programa de Apoyo a la Comunidad y al Medio Ambiente (PACMA), que se creó en 2013 en el marco de la Reforma Energética, pero del que no se les ha informado nada.

Si en un principio PEMEX daba dinero a la mano a los reclamantes, y luego los pagos se hicieron a través del gobierno del estado, ahora los recursos bajarán a través de organizaciones como ENDESU, Espacios Naturales y Desarrollo Sustentable A.C., que ni siquiera tiene oficinas en Tabasco, sino solamente en la Ciudad de Mexico.

Según PEMEX, el PACMA se aplicará de manera obligatoria para todos los proveedores y contratistas cuyos contratos correspondan a una zona, siempre y cuando el monto del contrato sea superior a 100 millones de pesos y el plazo sea de un año o más, en tierra. Los contratos costa afuera también se incluyen siempre que el monto sea de 300 millones de pesos o más. Cada proveedor o contratista debe aportar el dos por ciento respecto al monto de inversión.

LA PREOCUPACIÓN NUNCA SE APAGA

“En esa vez que entraron, nos agarraron, pues… no sabíamos. Me dijeron: Te ocupamos y te ganas una buena lana, que era una ocupación superficial, y uno sin dinero. Pero ve: tiene 40 años”, dice Homero Martínez Gómez para luego señalar el mechero que tiene en el traspatio de su casa, al que no le han dado mantenimiento desde 1990. Antes tenía una barda, cuenta, pero no aguantó: el ladrillo rojo se derritió, el concreto se desmoronó.

“Ese quemador se apaga, ayer se apagó dos veces y tengo que estar avisando. Yo no trabajo en Pemex ni soy asegurado en Pemex, pero tengo que avisar cada que se apaga, de noche, lo que sea, porque como es gas, es peligroso. Pero según ellos me dijeron, ahora está desfogando el platanal nitrógeno, que no hace daño, dicen, pero la pestilencia…”, se queja.

El contrato original para tener ese mechero que sirve de válvula de regulación, y que arde con fuerza cuando hay alguna emergencia qué contener, tenía una vigencia de 30 años y venció hace 10, de modo que aunque ya nada le pagan, don Homero no descansa: tiene que vigilar constantemente si no se ha apagado y avisar a PEMEX.

“Ahorita está liberado, está libre, PEMEX no tiene ningún contrato. Pero me dijeron que vamos a renovar contrato”, comenta, aunque él quisiera recibir una pensión o una renta mensual, no otro contrato para otro 30 años. “Ya yo estoy más pa’ allá que pa’ acá”, dice con amargura mientras avanza por el terreno que sigue siendo suyo, pero como si no lo fuera, porque no puede sembrar ni construir ni hacer nada en él. Por lo pronto pide protección, ponerle un portón a la entrada para que no vaya alguien a querer robarse el tubo.

El jueves 21 de abril, por medio del boletín 954, la Secretaría de Energía, Recursos Naturales y Protección Ambiental (SERNAPAM) informó la clausura de un terreno de cinco hectáreas ubicado en el kilómetro 153 de la carretera a Cárdenas que se rellenaba para la construcción y operación de una planta de fluidos para la perforación de la empresa Consorcio Luvo S de RL de CV, que utilizaba material de recortes tratados y extraídos de pozos petroleros.

El subsecretario de Gestión para la Protección Ambiental de esa dependencia, Santana Martínez Hernández, explicó que también se canceló el proyecto, porque se comprobó que inició el relleno del predio antes de que se le otorgara a la empresa el permiso en materia de impacto ambiental, con lo que violó la ley estatal respectiva.

“Nosotros recibimos el reporte de padres de familia de dos escuelas que se encuentran en la ranchería Cumuapa segunda sección, del municipio de Cunduacán, quienes decían que en el terreno que se rellenaba olía a hidrocarburo. Fuimos a verificar el sitio y efectivamente, constatamos que se estaba rellenando el terreno cuando a la empresa todavía no se le otorgaba el permiso y, además, se percibía el olor”, aseguró.