jueves, 2 julio, 2020
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Para la asistente farmacéutica no fue fácil sobrellevar la enfermedad, aún no puede jalar bien el aire para respirar, pero recuperó fuerzas y su ánimo.

‘ENFRENTÉ A TRES ENEMIGOS: COVID, DIABETES Y DEPRESIÓN’: MARISOL HERNÁNDEZ

Marisol Hernández Méndez es asistente farmacéutica en una sucursal de Farmacias San Pa­blo, pese a que desde un inicio de la emergencia en su empresa le dieron permiso para estar en su casa por encontrarse entre la población de alto riesgo, debido a que padece desde hace 12 años diabetes, lamentablemente con­trajo el Covid-19.

Con 44 años de edad, ella platicó a Grupo Cantón que al conocer su diagnóstico sintió mucho miedo, pues “aún tengo muchas ganas de vivir y luchar”. Aunque ella agrade­ce el apoyo que sintió por parte de su esposo, quien primero la llevó a un hospital del Instituto Mexica­no del Seguro Social, pero debido a que la atención era lenta decidie­ron ir con un médico particular.

—¿Cuáles fueron tus síntomas antes de informarte que tenías la enfermedad?

Fui a mi clínica del Seguro So­cial porque tenía días que solo por las noches me daba temperatura de entre los 37.5°, los 38° y hasta los 39° grados. Lo más raro es que sólo me daba calentura por la noche, pero en el día yo me sentía bien.

En la consulta el doctor que me atendió me dijo en su mo­mento que no me alarmara, que era algo normal. Conforme pa­saron los días, comencé a sen­tirme débil a grado tal que ya no podía levantarme; inicié con do­lor de cabeza y de cuerpo, ya no pude más y regresé al hospital para que me volvieran a valorar.

—¿Cómo fuiste atendida en el hospital?

Cuando llegué a la primera lí­nea de atención del IMSS tarda­ron en atenderme casi tres horas y eso que sólo estábamos cuatro pacientes. Me tomaron los sig­nos vitales, me hicieron pregun­tas. Desde ahí me dijeron que ha­bía posibilidades de que pudiera estar infectada por el coronavi­rus. De inmediato me mandaron al hospital que se encuentra en la alcaldía de Azcapotzalco y al lle­gar a ese nosocomio había mu­chas personas.

La verdad yo había escuchado que una vez que entras al hospital ya no te dejan salir. Mi esposo al ver que tenía un poco de miedo, decidió llevarme a un particular sin importar los costos.

—¿Cómo reaccionaste al saber que estabas contagiada?

Hace 12 años que vivo con dia­betes, la tengo controlada por los medicamentos que consumo, así como la alimentación balanceada que llevo. Pero al saber que ahora tenía este virus que ha sido mortal para muchos mexicanos no fue fá­cil de sobrellevarlo.

Dejé de comer, dormía mucho, solo me levantaba a tomarme las pastillas y agua. Además del miedo, me dio mucha ansiedad.

En su momento todos acorda­mos que debía aislarme para no afectar a mi familia. Mis hijas tuvie­ron que partir de casa al enterarse que era portadora del Covid-19. Ellas me hacían video-llamadas para saber mi estado de salud.

Una vez que acepté que tenía la enfermedad, fui luchando con la ayuda de mi esposo Jesús y mi hija Tania que en todo momento estu­vieron al pendiente. Poco a poco mi estado de ánimo se fue estabilizan­do y recuperé mis fuerzas.

—¿Cómo recibiste la noticia que ya no tenías la enfermedad?

El médico particular siempre me asistió en mi casa durante la cuarentena, me visitaba seguido. Al ya no tener ningún síntoma me pidió que me hiciera la prueba, tar­daron varios días pero una vez que llegaron los resultados, el doctor me dijo que ya estaba libre del CO­VID-19.

Me sentí bien al recibir la noti­cia. Sin embargo, aún me quedan secuelas porque todavía no puedo jalar bien el aire y de manera pre­ventiva aún no salgo de casa hasta que haya pasado esta emergencia sanitaria.

—¿Qué piensas del Covid-19?

Es verdad todo lo que está ocu­rriendo en nuestro país. Siento que es una enfermedad como la gripe pero más fuerte. Veo en las redes sociales que hay personas que si­guen sin creer que esto está pasan­do, leo comentarios y pienso que no deben de hablar de algo que no saben, pero lo más grave es que mal informan a las demás personas con sus opiniones.

No voy a negarlo, tengo miedo que me vuelva a dar, pero ahora con más potencia que en esta pri­mera vez. Tenemos que cuidarnos.

—¿Cómo te respaldó tu empresa ante tu situación?

Soy asistente farmacéutica en la farmacia San Pablo, desde que inició la situación del coronavirus me dieron el permiso de estar en mi casa, por ser una población de riesgo por la diabetes, aunque ten­go 44 años de edad, aún tengo mu­chas ganas de vivir y luchar.