martes, 22 septiembre, 2020
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Mientras el principal centro de abasto de Villahermosa es demolido para dar paso a un nuevo espacio, moderno y vistoso, más de 50 lugares de compra-venta de bebidas embriagantes, sexo y estupefacientes luchan para sobrevivir…

Giros Negros, herencia del viejo “Pino Suárez”

Por: Luis Enrique Martínez

Todos los días iba y venía por las calles adoquinadas del Centro Histórico de Villahermosa. Madre soltera por descuido juvenil, Catalina rompía la rutina para ir a alimentar a su pequeño hijo. Horas después, retornaba a la venta de billetes de la Lotería Nacional hasta que la vida la convirtió en pajarillo de las esquinas de las calles que circundan el mercado Pino Suárez.
Si antes por un ingreso de cinco pesos por cachito vendido buscaba a sus clientes en oficinas, restaurantes, cantinas, cafés y lugares públicos del corazón de Tabasco, ahora con su top y pantalón de mezclilla –cortísimo y entallado para resaltar las piernas–, es la sensación entre los cientos de cazadores sexuales que a cualquiera hora del día y la noche, regatean el servicio femenino en los giros negros y calles adyacentes al centro de abasto hoy en demolición.


Cada día que pasa, Catalina estrecha relación con las mujeres de mayor edad y con mayor antigüedad en la zona convertida en centro laboral sin reglamento sanitario, ni seguridad social y menos seguridad pública. Al contrario, representantes de esta última son el azote de las trabajadoras sociales, al igual que los empresarios de la industria hotelera y restaurantera asentada en dicho polígono.
Un día equis, la mañana puede agarrar a la joven buscando clientes en la cantina El Puente, ubicada casi en la esquina del boulevard Adolfo Ruiz Cortines y avenida Madero. Si no hay demanda, sale del lugar para ingresar al bar Mi Casa que prácticamente es contiguo a aquel. Pero si de nuevo la suerte no le favorece, sigue la aventura en el Mercury, El Candil Botanero, Don Diego, Galerías y otros, hasta La Paloma, donde puede tomar descanso reuniéndose con la palomilla de la esquina Constitución y Pedro Fuentes o de Lino Merino.


Un parroquiano que sale del hotel Frisa, aledaño al restaurante bar Galerías, propiedad de Norma Alicia Frías Vidal, según la licencia 3264, confía en que el acostón de media hora cuesta 250 pesos; o sea 3.3 veces la unidad de medida económica vigente en el país. Más adelante, sin embargo, en el Hospedaje San Martín o Esperancita (dos símbolos del servicio social femenino desde que el gobernador Francisco J. Santa María ordenó la pavimentación de la calle Constitución en 1948), otro obrero asiduo a la zona contrapone aquella tarifa: “Están buenas pero piden 500 pesos el rato…”

A la deriva

Isabel no mide más de 1. 65 metros de altura. Usa zapatillas de piso o de preferencia sandalias. Es de piel morena clara, ojos negros al igual que el pelo en trenza que roza el inicio de la columna vertebral. En una cangurera guarda el uniforme de bachiller. De lunes a viernes, acostumbra bajar del Transbus de la ruta Méndez que para cubrir el servicio de ocho ramajes destina 50 unidades. A veces llega a la zona en taxis o combis de circulación a Bosques de Saloya, según fuere la suerte de la víspera.
Fue enganchada por una condiscípula no hace mucho. Es de las miles de personas que ordinariamente confluyen en Bastar Zozaya u otras arterias del lugar. Ahora frecuenta El Candil Botanero, propiedad de Carlos R. Jesús Alipi Mena, de acuerdo a la licencia 344. Desconoce que, según Conasida, en 2011 Tabasco registró 3 mil 375 casos de Sida. Asimismo que algunos empleados de la Secretaría de Salud estatal venden los preservativos de muestra médica y que esa misma institución cobra 2 mil pesos por seguro médico, 400 pesos por la muestra de papanicolaou, 350 pesos por el examen de sida, 200 pesos por papelería y más…
Al igual que Catalina, Isabel es madre soltera. Hija mayor de una familia de cuatro hijos. El papá es un número más en las estadísticas de desempleo, en tanto que la progenitora colabora a la economía del hogar con trabajos domésticos.


Isabel no piensa igual que Catalina. Ésta ya cifró su destino al trabajo sexual hasta que su hijo sea mayor de edad “y pueda trabajar”. En cambio, la joven preparatoriana tiene como objetivo “ahorrar, ahorrar y ahorrar, hasta lo que permita la juventud…”
–¿Qué va a pasar cuando tus padres se enteren a qué te dedicas?—se le pregunta en el interior de El Candil Botanero, lugar que no cumple con el adjetivo: no hay botanas.
–Nada. Ya lo saben… Responde casi casi despreocupada la jovencita, aunque con gesto de cierta tristeza.


Las de Catalina e Isabel, son sólo dos de las cientos de historia que a diario ocurren en torno a los giros negros de los alrededores del viejo mercado público “José María Pino Suárez”, principal centro de abasto de Villahermosa que hoy está a punto de desaparecer para dar paso a un nuevo espacio, moderno y vistoso, mientras que más de 50 lugares de compra-venta de bebidas embriagantes, sexo y un sinnúmero de estupefacientes que hay a su alrededor, han comenzado a luchar simplemente por su supervivencia…