sábado, 19 septiembre, 2020
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Horchatas de la Catedral, las obligadas de Tabasco

Es el ícono pozolero, de horchatas y esquimos de Villahermosa que don Antonio Alejo Bautista abrió el 23 de diciembre de 1951; hoy es una referencia tabasqueña fuera de las fronteras locales, como el visitar el Edén y no comer pejelagarto.

POR LUIS ENRIQUE MARTÍNEZ

En la primavera de 2010, un sacristán de la Catedral de Tabasco llevó un mensaje del obispo Gerardo de Jesús Rojas González a Faustino Alejo Peña, hasta el ícono pozolero de Villahermosa que don Antonio Alejo Bautista abrió al puro valor mexicano el 23 de diciembre de 1951: Horchatas de la Catedral, la bendición del Señor de Tabasco.

img_7134Hacía 21 años que el puesto de láminas con logotipo de una empresa gaseosa que originalmente se instaló en las inmediaciones de la Catedral de Tabasco, ya lucía de concreto y había ampliado su área comercial al ala izquierda del local ubicado en la esquina de Paseo Tabasco y avenida 27 de Febrero. En la parte baja de lo que alguna vez fue un Centro de Salud municipal, y ahora es el parque La Estrella.

Para cuando Faustino recibió el mensaje del XIII obispo de Tabasco, también ya habían pasado más de 59 años que el creador de la inédita combinación de venta de pozol, horchatas y esquimo (esencia de fresas con leche, hielo y azúcar), recibió la autorización del gobernador Carlos A. Madrazo Becerra para mudarse a la esquina referida, enclavada en la Zona Postal C. P. 86040 de la colonia Jesús García.

Pero mucho más tiempo había transcurrido desde que don Antonio Alejo Bautista había emigrado de su natal Cárdenas a la capital de Tabasco. Una aventura como parte de “un sueño” de vida propia que lo puso a trabajar, primero, vendiendo paletas en la tierra nativa y, luego, refrescos naturales en los comercios íconos nostálgicos de la Villahermosa antigua: La Cascada y El Xóchitl.

Una referencia tabasqueña

img_7141Y también ya hacía mucho tiempo que “las horchatas de la Catedral” se habían convertido en una referencia tabasqueña fuera de las fronteras locales. De esa trascendencia como la de visitar Tabasco y no comer pejelagarto, hablan las fotografías que cuelgan del techo y se exhiben en los pilares del local que, con esfuerzo y sobre penurias económicas edificó el matrimonio de don Antonio Alejo Bautista y la señora Leonor Peña Colomé.

Exhibir durante 12 horas, de las 10 de la mañana a las 10 de la noche, todos los días de los años ordinario y bisiesto, con sol o agua, las fotografías de personajes políticos del país es parte del orgullo de la familia del matrimonio Alejo-Peña: Antonio, María Elena, Susana (fallecida), Faustino, Martín y Leonor.

Además del gusto por el sabor de un pozol natural o agrio; de la horchata natural y especial que se elabora con pasta casera, y en esa variedad, el esquimo, el asiduo consumidor se lleva parte de la historia de México y Tabasco a través de las imágenes:

Mientras se espera el servicio o se degusta el menú de bebidas, es normal que el consumidor se acerque a las fotografías de Mario Trujillo García, Leandro Rovirosa Wade… así como del desaparecido Luis Donaldo Colosio o de Francisco Labastida Ochoa, Enrique Peña Nieto y, entre ellas, dos imágenes que hablan del presente de Tabasco.

En una, la que está al fondo, aparece un joven sonriente que vuelve con ese mismo semblante pero con el reflejo de los años, en la segunda imagen que cuelga del techo en donde también está el empresario Ignacio Cobo González. Ni más ni menos se trata del gobernador Arturo Núñez Jiménez.

La anécdota con el obispo

img_7144Pero entre esa exposición fotográfica, hay una que tal vez resultó del mensaje que el obispo envió a Faustino a través de un propio: Es la que retrató a monseñor Rojas González con quien, en 2010, casi recién ordenado como obispo de Tabasco (25 de enero de 2010), tuvo un diferendo producto de una broma tropical:

— Faustino, dice el obispo que vayas a platicar con él–, recuerda el mencionado que le dijo el sacristán.

— Si el obispo quiere hablar conmigo, dile que venga para acá–, dice Faustino que respondió, como para dar prueba de las anécdotas que a lo largo de más de 64 años (el 23 de diciembre cumplirá 65 de su fundación) se tejen en torno a Las Horchatas de la Catedral, la bendición del Señor de Tabasco.

— ¿Y qué pasó?– se le pregunta. Con una risa contrita, responde: “En seguida aquí estaba el obispo con una playera sencilla, pidiendo un pozol…”

Don Antonio Alejo Bautista murió a los 82 años de edad. Luego fallecería su esposa Leonor. Y ese empeño familiar es lo que compromete a los herederos a seguir la tradición pero sin regatear méritos a la cuna original:

“Todo se lo debemos a nuestros padres. Y eso es un orgullo que no vamos a dejar”, dice, por ejemplo, Lauro, hermano mayor de Faustino quien así sella su compromiso por la causa familiar:

“Es una satisfacción que la gente nos visite, que pruebe lo bueno de Tabasco. Aquí vamos a estar hasta que el cuerpo aguante: Siempre para adelante, para atrás, nada…”

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Llegan políticos, artistas y luchadores

img_7148No sólo políticos y aspirantes a cargos de elección popular de los tres niveles de gobierno y al Congreso de la Unión y la Cámara local de diputados acuden y acudirán cada tres, cada seis años, al baño de pueblo que significa ya el local “Horchatas de la Catedral, la bendición del Señor de Tabasco”.

En casi 65 años, también artistas, deportistas y legos han degustado un pozol fresco o agrio, así como la horchata natural o especial o el esquimo. La actriz María Higareda, es un ejemplo reciente. Pero hay otros.

Entre el archivo de anécdotas de la familia Alejo Peña, destaca, por ejemplo, la siguiente:

Charolan Brandy, uno de los Luchadores de la Triple A, que junto a Tinieblas y Alushe, entre otros, no pudo abandonar Villahermosa sin probar las delicias del comercio fundado por don Antonio Alejo Bautista. Y lo hizo para marcar su paso por el comercio:

“No aceptó que le sirvieran el pozol en un recipiente diferente al vaso de la licuadora…y de un jalón se tomó el pozol”, recuerda, sonriente, Faustino Alejo Peña.

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Hace más de 64 años que el creador de la inédita combinación de venta de pozol, horchatas y esquimo, don Antonio Alejo Bautista, recibió la autorización del gobernador Carlos A. Madrazo para mudarse a la esquina de la Catedral.

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Además del gusto por el sabor de un pozol natural o agrio; de la horchata natural y especial que se elabora con pasta casera, y en esa variedad, el esquimo, el asiduo consumidor se lleva parte de la historia de México y Tabasco.

Don Antonio Alejo Bautista murió a los 82 años de edad. Luego fallecería su esposa Leonor. Y ese empeño familiar es lo que compromete a los herederos a seguir la tradición pero sin regatear méritos a la cuna original.