jueves, 18 abril, 2019
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IV Transformación y reforma educativa

 

Por Elías Balcázar Antonio

Muchos políticos y periodistas hablan y escriben de la Cuarta Transformación pero pocos, muy pocos, tienen idea de qué se trata ese asunto. Muchos morenistas, priistas conversos a Morena algunos, se refieren a la Cuarta Transformación porque así lo dictó su líder político y espiritual Andrés Manuel López Obrador y a él no se le contradice. Con humildad y sinceridad confieso que yo tampoco entiendo mucho a qué se refiere nuestro paisano AMLO con la cuarta transformación.

Debo comprender que debe ser un ambicioso y amplio proyecto histórico que por principio pretende limpiar todo el cochinero y océano de corrupción que dejaron 89 años de gobiernos prianistas. Se supone que además pretende acabar con la impunidad, con la delincuencia organizada y aquella delincuencia que han venido practicando los maleantes de cuello blanco. Quiero entender además que AMLO, con la Cuarta Transformación, pretende sanear las finanzas públicas, reducir la deuda interna y externa, devolverle los recursos petroleros a la Nación y volver a fortalecer a una saqueada empresa Petróleos Mexicanos y a la Comisión Federal de Electricidad.

Quiero entender también que con la Cuarta Transformación se tratará de darle a México una vida democrática jamás conocida en el país, que respete la diversidad y pluralidad,  y que el periodismo escrito y demás medios de comunicación ya no estén al servicio de los grupos económicos poderosos sino al servicio de la Nación. No será fácil: AMLO se está enfrentando y afectando a peligrosos grupos poderosos.

Mi comentario y propuesta en esta colaboración es que AMLO está gobernando a un pueblo que en su mayoría y durante décadas ha sido educado también dentro de ese mundo de corrupción que envilece y prostituye al hombre. Subrayo: no a todos pero sí a buena parte de la ciudadanía. AMLO no está gobernando al pueblo ideal. Muchos ciudadanos son irresponsables en el trabajo y en las escuelas; dan mordidas en las ventanillas, a los jueces y ministerios públicos en las oficinas y, en las calles, a los tranchos y a la policía; otros se roban la luz, no pagan agua y eluden o evaden impuestos. Muchos comunicadores viven del chantaje y del chayote. Otros cobran como aviadores, se jubilan de manera desmedida sin respetar la ley y la antigüedad. El comerciante que te engaña con la báscula y te pasa a la pesa. El constructor que está “obligado” por el funcionario a dar una mochada para que le otorguen la obra; lo mismo sucede con el proveedor que tiene que darle una lana al jefe de compras o al gerente para que le otorguen las requisiciones de compra. Aquellos que acostumbrados al paternalismo cobran de manera indebida las pensiones que les da un gobierno populista o usan los créditos a la palabra para otras cosas menos para invertir y producir. Y así: etcétera, etcétera, etcétera.

No se puede transformar a México y a Tabasco con un pueblo que en su mayoría viene arrastrando esos vicios ancestrales:

Por eso creo que es urgente una Reforma educativa de fondo y de contenidos. A los pocos días del triunfo de AMLO le hice llegar una propuesta de Reforma Educativa. Aquí en Tabasco Rumbo Nuevo me la publicó en tres partes pues ésta consta de 13 páginas. De igual forma se la entregué en sus manos a mi amigo Memo Narváez y la recibió con mucho interés. También se la envié por correo electrónico a mi amiga Yolanda Osuna y estoy en la mejor disposición para trabajar con ella la parte que compete a Cultura. Se la entregué en sus manos también a quien fuera mi alumno, talentoso y brillante, Marcos Rosendo Medina y de su viva voz me dijo: -maestro, deme chance y ya que estemos bien establecidos y encaminados y dispongamos de un respiro vamos a trabajar sobre su propuesta.

En esencia mi propuesta, publicada ya por Rumbo Nuevo, contiene un eje medular: no sólo se debe educar la mente en las escuelas sino también el corazón, los sentimientos de los niños y de los educandos de más edad. En mi propuesta transcribo o parafraseo a pensadores eminentes como Blas Pascal o Emanuel Kant. Kant decía: “…Los maestros debemos orientarnos más bien al mejoramiento del corazón. El sistema educativo actual no hace bueno al hombre, sólo lo vuelve hábil y, comúnmente para el mal. Los sentimientos son más fidedignos que la razón”. Y esto lo afirmó Kant a mediados del siglo XVIII y hoy, 270 años después, seguimos con el mismo sistema educativo.

Antes que el pensador alemán, Emanuel Kant, el científico, físico-matemático, y filósofo francés Blas Pascal afirmaba: “El corazón tiene razones que la razón no comprende”. Y luego afirmaba: “El hombre debe empezar por sí; el objetivo esencial y primero es el de conocerse a sí mismo. Pero para este fin la razón no sirve de nada; como guía del hombre, la razón es débil, inútil e incierta”. Y estas dos afirmaciones fueron hechas por dos eminentes exponentes de la Ilustración y de la Edad de la Razón. Y nosotros con nuestro sistema educativo seguimos anclados en la Edad de la Razón en pleno siglo XXI y así nos ha ido.

Desde que fuimos niños, se nos vendió la idea que el hombre es un animal racional; y esa definición manoseada y trillada desde hace más de dos siglos se volvió ley para los burócratas que manejan el sistema educativo de nuestro país. Para esos burócratas no hay otra cosa qué educar en los alumnos que la razón, ¡y ya!.. Esa fe en la Razón surgida en Europa como resultado de la revolución industrial y del desarrollo de las distintas ciencias naturales nos llegó a América. Y, como los europeos depositamos nuestra fe en la razón como la varita mágica que nos va a hacer felices: nada más lejos de la verdad. La mente, la razón es un arma de doble filo: lo mismo crea, construye, hace ciencia, inventa y descubre para la felicidad del hombre pero también crea, inventa y hace ciencia para su destrucción. La ciencia por sí misma no es mala ni buena sino los hombres que la utilizan.

Seguir definiendo hoy al hombre como un animal racional además de ser un anacronismo no es verdad. Hace un siglo Freud descubrió que el hombre además es un animal irracional, a quien no sólo lo mueve la parte consciente de su cerebro sino que una buena parte es inconsciente. Es una irracionalidad que lo mismo lo conduce a amar que a odiar, a crear que a destruir, a dar vida que a asesinar. Pero al señalar esa parte inconsciente, que según Freud es el resultado de instintos biológicos reprimidos, específicamente la energía libidinal de la sexualidad, Viktor E. Frankl critica en el vienés su concepto del hombre al encuadrarlo dentro de un reduccionismo biológico, instintivo. Frankl, neurólogo y psiquiatra austriaco, judío sobreviviente de los campos de concentración nazis, señala que “…no existe sólo un inconsciente instintivo, sino también un inconsciente espiritual. Así pues, nos dice Viktor E. Frankl, el concepto inconsciente debe diferenciarse en un instinto inconsciente y una espiritualidad inconsciente”. A esa espiritualidad inconsciente en otro de sus libros le llama “la presencia ignorada de Dios”. Esta idea nos acerca mucho o es lo mismo que plantea el Budismo Zen. Para Frankl, y así lo creo yo, al hombre lo conforman lo somático, lo psíquico y lo espiritual y de la integración de esos tres el hombre logra la plenitud. Sin embargo, es el núcleo espiritual rodeado de capas psicofísicas periféricas, y  sólo él, quien garantiza esa unicidad y plenitud.

Desde que inicié mi carrera como docente, hace 42 años, me inspiró la pedagogía de aquel educador A. S. Neill, autor del libro Summerhill y que escandalizó a muchos. Para él era más importante el desarrollo emocional de los niños que el adelanto intelectual. Señalaba que un joven emocionalmente sano podía enfrentarse en un futuro a los retos de la vida y aún más, crecer en conocimientos y capacidades como el mejor de los alumnos de las escuelas convencionales. En su libro “Corazones, no sólo cabezas en las escuelas”  Neill explica la tesis central de su sistema pedagógico  y señala que sin desatender la educación de la mente de los jóvenes se debía poner más atención en la educación de sus emociones y de sus corazones. Este autor se preguntaba: ¿sólo mentes en las escuelas?, ¿es que el corazón no cuenta? En su escuela Summerhill no existía ese jueguito escolar de la competencia, de la rivalidad entre los alumnos de ver quién es el más listo.

A mediados de la década de los 70’s del siglo pasado el famoso caricaturista Rius fundó una escuela en Cuernavaca que trató de romper con aquella escuela que lo único que enseña a los niños es una educación conceptual y memorística. Esa Escuela Activa, llamada Colegio Tlahuica, tomó parte de los métodos de Francisco Ferrer, algo de Neil y de Celestín Freinet. Según palabras del mismo Rius el colegio estaba pensado para “…que los niños y niñas aprendan a pensar y razonar, y no como un vulgar adoctrinamiento para volverlos clientes entusiastas de la pinche (sic) Sociedad de Consumo Globalizado e Imbécil”.

Hace como dos semanas leí en un diario de circulación nacional que una niña de seis años de edad dijo en un acto cívico que la educación en las escuelas debe, ante todo, enseñar a los niños a que aprendan a ser felices. La niña se llama Ximena Arias Díaz y es alumna de la primaria Sor Juana Inés de la Cruz. Esta escuela se encuentra en el municipio de Ocoyoacac, Estado de México.