viernes, 23 octubre, 2020
Home / REPORTAJES / La soledad invade a mercado provisional
En dos meses, los locatarios del Pino Suárez padecen el desplome de ventas, ya que no acuden los consumidores.

La soledad invade a mercado provisional

Por Flor García Morales

@FlorGarciaMora1

 

El reloj suena a las 4 de la mañana en punto, doña Celia despierta y corre a tomar un café, vestirse e ir a trabajar. Le lleva una hora llegar a su destino, ya que vive en la ranchería Boquerón, pero como cada día, le ilusiona vender su mercancía: cilantro, perejil, chile dulce y limón que ella misma cosechó para ganar el sustento de su familia, como lo ha hecho en los últimos 30 años… Pero ahora le resulta más difícil, ya que desde que la cambiaron del Mercado Pino Suárez, al provisional en Casa Blanca, junto a otros mil 170 locatarios,  “ya nada es lo mismo”.

“Al Pino Suárez llevaba mi mercancía y todo se terminaba temprano, me iba a mi casa y llevaba la comida para mis hijos, ahora me quedo hasta las tres de la tarde y a veces no lo he vendido todo”, lamentó la mujer de 65 años.

 

Ventas en  crisis

Así es para la mayoría de los locatarios del mercado provisional, a dos meses de haber cambiado de sede, las ventas se desplomaron hasta en un 50 por ciento; a esto se suma que de los mil 173 locales que tiene el centro de abasto, solo unos 700 están operando, señalaron los afectados.

A pesar de que el lugar es amplio, cuenta con estacionamiento, los pasillos son lo suficientemente grandes para caminar con ligereza al contrario de lo que ocurría en el viejo mercado, ahora son pocos los visitantes, aunque sí hay días en que el mercado parece cobrar vida, sobre todo en quincena, pero que coincida con fin de semana.

Anael Magaña Alejandro vende carne de cerdo en el mercado​ provisional y asegura que en el Pino Suárez vendían  más de un cerdo al día, ahora rara vez venden uno completo, casi siempre deben refrigerar para el día siguiente.

“Muchos compañeros ya no siguen en este mercado, la venta es muy mala y a veces sólo tenían pérdidas, algunos hasta ayudantes contrataban, los despidieron para poder continuar en el negocio”, señaló el locatario.

Elba Doria Pérez Martínez, quien hace 34 años comenzó a vender pollos y gallinas, asegura que este es el peor momento de crisis en su trabajo, ya que hay poca venta y ella aún arrastra la deuda que adquirió para poder habilitar su espacio.

“No tenemos venta a pesar de que somos pocos los locatarios que estamos aquí, pues como nos entregaron los puestos en obra negra teníamos que invertir como 30 mil pesos para echarlo a andar, solo nos dieron un hueco donde acomodarnos, me da miedo como nos van a entregar el nuevo mercado”, comentó Elba.

 

Mala ubicación

Mientras molía el cacao para amasar el pozol, Yolanda González Magaña, comentó que ella solo agradece al Creador porque al menos ganan para la comida diaria, no como le sucede a los que le dieron puestos hasta el fondo del mercado.

“Esos pobres no venden nada, los que estamos cerca de la entrada todavía tenemos un poco más de ventas”, lamentó la mujer que junto con su esposo atienden un local de venta de pozol y dulces regionales.

Tal y como lo señalaron los locatarios, durante el recorrido que hizo Grilla por las instalaciones del mercado, se comprobó que los locales ubicados en la parte media y final están vacíos; los clientes no caminan hasta ahí, solo visitan  los primeros locales y se marchan.