sábado, 20 julio, 2019
Home / GOBIERNO DE TABASCO / La vida de etiquetas

La vida de etiquetas

 

Por Juan José Lopez

 

“Hay dos maneras de vivir la vida: una como si nada fuese un milagro, la otra como si todo fuese un milagro”.

                                                          Albert Einstein

 

Mientras la humanidad transita hacia el individualismo, se nos pierden las voces que se atrevían a decir que la única vía para sobrevivir como humanidad era la unidad de los pueblos, que nos incitaban a retomar la importancia de sentirnos inigualables, que la felicidad está en los pequeños detalles que a veces pasan inadvertidos, voces que hablaban del amor, de ese que existe entre el hombre y la mujer, que llega a ser inconmensurable, de esa fusión de las almas, del nacimiento de la vida, de la alegría de un hijo, del inmenso amor de una madre, de lo valioso que es una mujer, así en su ser, en su esencia, sin importar si está a favor o en contra del aborto, si es feminista o no, nos estamos quedando sin aquellas voces que nos hablaban de un mundo mejor, sin importar si eres fit, slim, machista, lesbiana, gay, emo, darketo, bipolar, o cualquiera de esas miles de divisiones que la modernidad nos ha creado.

Sí, nos estamos quedando sin aquellos que leían a Whitman, aquel que decía que “No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo”, nos estamos quedando sin aquellos que pasaban horas hablando de una mujer de cuerpo pequeño y arrugas marcadas pero con un corazón del tamaño del universo, aquella mujer que vivió en un pueblecillo llamado Calcuta, sí, aquella que dijo una vez  “amemos hasta que nos duela, porque si duele es buena señal”.

Sí, nos estamos quedando huérfanos en el momento en que todo parece tan burdo, donde la música de moda es una incitación a la misoginia colectiva, donde en sus letras, las mujeres son tratadas con un valor mucho menor que cosas, por eso nos hacen falta esos hombres como aquel chiapaneco que decía “Digo que no puede decirse el amor, el amor se come como un pan, se muerde como un labio y se bebe como un manantial”.

En estos momentos que lo cotidiano es un meme, que se ridiculiza todo, nos hacen falta esos dos hombres, el flaquito diminuto de los ojos vivarachos que narraba lo cotidiano de una manera excepcional, ese del “hoy toca” que lo mismo describía grandes acontecimientos o un pájaro que canta, o del otro, ese chilango de los más chilangos, aquel del “estanquillo”, el de la guarapeta literaria, el que le dio forma y propiedad al mexicanismo, pero que se daba tiempo para hacernos ver lo hermoso de nuestra cultura popular.

Sí, mientras más avanzamos a la vertiginosa modernidad, nos enteramos que ya no tendremos a ese otro que nos decía que “cuando un amigo se va, deja un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo  sí, ese que se juntaba con el otro compinche y nos ponían la mesa para los tragos, la milonga y el recuerdo, ese que decía que “Bienaventurado aquel que sabe que compartir un dolor el dividirlo, y compartir una alegría es multiplicarla” sí, aquel que nos decía que “si hacemos las cosas que amamos, no necesitamos agendas, porque siempre nos lo recuerda el corazón

Hoy, mientras las mujeres luchan por igualdad y algunos se sienten amenazados, nos hace falta aquel chaparrito bigotón que una vez se preguntó ¿y si Dios fuera mujer?… y dijo que “Una mujer desnuda y en lo oscuro es una vocación para las manos para los labios es casi un destino y para el corazón un despilfarro una mujer desnuda es un enigma y siempre es una fiesta descifrarlo” para recordarnos que, querer ridiculizar una lucha, es olvidar que los hombres hemos hecho de nuestra parte para llegar a este punto, porque cuando existe igualdad y respeto no son necesarias las exigencias.

En estos tiempos en que nuestros jóvenes crecen añorando el nuevo gadget y pensando que subirse a la vorágine capitalista es estar en onda, nos hace falta aquel larguirucho de mirada aguileña de “las venas abiertas de América Latina” para recordarles constantemente que Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios.”

Y así podría ir recordando a muchos más, y con cada problema que esta modernidad nos pone en el camino, encontraría una cita, una frase, una canción o un poema que nos recuerde que la vida siempre nos muestra ambas caras de la moneda, tal vez la moda nos lleve hacia un lugar insólito, donde nos ponga a hombres contra mujeres, a ricos contra pobres, a cristianos contra ateos, pero siempre habrá vidas que nos alumbren el camino, quizás, solo nos falta mirar un poco al pasado y recordar lo que es vivir sin etiquetas, simplemente como hermanos.

Vaya pues en memoria de Walt Whitman, Teresa de Calcuta, Jaime Sabines, German Dehesa, Carlos Monsiváis, Alberto Cortés, Facundo Cabral, Mario Benedetti, Eduardo Galeano y muchos más que enseñaron a nuestra generación a amarnos y respetarnos sin etiquetas.

Hasta el próximo comentario, deseándoles un año lleno de éxitos y bienestar, no olviden seguirnos en Twitter como @juanjoselopezm y en Facebook como @lopezmaganaelecciones.

 

 

A %d blogueros les gusta esto: