jueves, 3 diciembre, 2020
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Los inundados de Peñitas

OXIACAQUE, NACAJUCA.- Más de 25 mil indígenas chonta­les del municipio de Nacajuca son golpeados por las corrien­tes del río Samaria, alimentado por descargas de la presa Peñi­tas.

En Nacajuca, a 35 kilóme­tros de Villahermosa, 25 co­munidades continúan en contingencia luego de 45 días que empezó el temporal con el Frente Frío 4 y 5, y le siguieron el 9 y 11 que trajeron lluvias to­rrenciales y el incremento de las descargas de agua de la hi­droeléctrica Peñitas, que ac­tualmente desfoga mil 200 metros cúbicos por segundo.

Viviendas, escuelas, tem­plos, sembradíos y potreros siguen inundados, “aquí la con­tingencia no se ha detenido, di­cen que están soltando mil 200 de la presa, pero no sabemos si eso es real”, dice Rigoberto Vázquez, delegado de la ran­chería Pastal.

 

RANCHERÍA PASTAL.- Las personas sufren los estragos de la inundación y la pérdida de sus bienes.

 

El camino del puente Chi­flón al puente Pastal está ce­rrado ante un extenso vado con una profundidad de hasta 60 centímetros, “hoy el nivel del agua subió 20 centímetros no sabemos cuándo volvamos a estar en seco”, señaló.

“Ya habilité el domo de la deportiva como albergue, por­que ya no caben en la bibliote­ca. No tenemos colchonetas y la mayoría de los que están en el refugio padecen infecciones en los pies”, reprochó.

Otras poblaciones como Oxiacaque, Cantemoc, Con­gregación Guatacalca, Oxiaca­que y La Cruz Olcualtitán, en la región chontal, padecen estra­gos causados por el río Samaria y por sus afluentes El Mango y San Cipriano.

Silvestre May Osorio, de la ranchería El Sitio, mientras nos muestra su vivienda dice: “esta es la verdad de cómo esta­mos viviendo. Nos tuvimos que salir para alquilar un cuarto, mi esposa se me enfermó y no te­nemos ni para la medicina”.

 

Oxiacaque.

 

En un recorrido realizado por Grupo Cantón se obser­vó que a la orilla de la ranche­ría El Sitio, donde se ubica el “maleconcito”, los vecinos se afanan para hacer una casita con láminas y plásticos en la orilla del camino para prote­gerse del agua que aseguran, ya tienen en las cocinas de sus viviendas.

“Ojalá se acordaran de no­sotros, porque escuchamos que están dando des­pensas, pañales y leche a los damnificados, pero a nosotros no nos toca. Tenemos niños y ancianos y nadie nos apoya”, dijo María del Carmen.

A los vecinos que han teni­do que dejar su vivienda y que están albergados en la bibliote­ca de la ranchería Pastal se les preguntó cuándo retornarían a sus viviendas y Anastacia Pérez respondió: “Eso va para largo. si tenemos suerte, para diciembre regresare­mos, porque el agua está en la casa todavía”.