jueves, 2 julio, 2020
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NINGÚN SENTIDO CERRAR COMERCIO FINES DE SEMANA

«Mano lavada, salud bien guardada…»

Lo que está pasando en el mundo con la pandemia nos muestra dos cosas: la primera, que con el virus a la baja no hay otra que reanudar la actividad económica, y la segunda, que las consecuencias de la apertura -reactivación de contagios- depende de la instrumentación que cada gobierno hace de “la nueva normalidad”.

No hay un solo país empezando por China, que incluso declaró formalmente superada la emergencia, pasando por Alemania o cualquier otro, que no haya visto incremento en sus casos al iniciar convivencia forzosa con el COVID-19.

Este es un enemigo que está lejos de ser inofensivo o historia.

Situados en esa realidad, fue pésimo que Centro no participara del cierre comercial de fin de semana de los municipios -la estrategia no era buena, y sin Villahermosa fue tonta-, pero es peor el modo en que Evaristo Hernández pretende enmendar el error: parando los negocios de Villahermosa por los tres siguientes fines, incluyendo a lo mejor al que antecede al del Día del Padre (domingo 21 de junio).

¿Qué sentido tiene frenar al comercio los viernes, sábados y domingo? ¿Tienen los alcaldes información de que esos días va de compras el virus? ¿De lunes a jueves descansa o sale de viaje?

El miércoles 20 de mayo en que Gatell informó que por la exacerbación de la transmisión la nuestra se volvió curva “bimodal” -dos picos de contagios-, se tuvo que decidir el cierre total del comercio para lo que restaba del mes, en que termina la Jornada Nacional de Sana Distancia.

No se hizo, y en cambio los alcaldes optaron por un absurdo paro de fin de semana.

Se supone que la idea viene del relajamiento de la población en la órbita del Día de las Madres, o del hábito de hacer las compras los fines de semana, aunque ni se festeja a las progenitoras cada 7 días ni está prohibido abastecerse cualquier otro día.

Por eso, un dirigente empresarial calificó de inútil la medida, alegando que “sale peor” porque los lunes la gente asalta materialmente tiendas, súpers y mercados.

¿Cómo puede ser útil el cierre para evitar la propagación del COVID?

Sin embargo, la paralización de las actividades, es decir, inmovilizar a la gente para que no “transporte” al virus, es una de las maneras -otras son el confinamiento y el distanciamiento social- que la OMS ha encontrado en la experiencia de pandemias de diferentes siglos para combatir la que nos tocó.

No se conoce ninguna otra forma de sobrellevarla.

La diferencia que habría entre cómo se ve en Europa, con la perspectiva con que en Tabasco se toma, podría estar en el grado de madurez de la ciudadanía.

¿Por qué los chocos, por sí mismos, no pueden ser capaces de evitar las aglomeraciones? ¿Por qué sí lo pueden hacer -no al 100%, pero sí en porcentajes superiores- los habitantes de otros lados? ¿No estamos ni siquiera educados para organizarnos en nuestras compras? ¿Seguimos en la época de las cavernas? ¿Hasta en eso tenemos que jugarnos la vida?

¿Cómo se hace en “la civilización”?

En principio, incentivan el servicio de entregas a domicilio; hay mucho menos probabilidad de contagio, porque en el intercambio participan escasas manos; luego, ya en el transporte público o lugares de expedición de artículos o alimentos, limitan los aforos al 50 o 30 por ciento; mantienen distancia de dos metros entre uno y otro cliente o usuario, e imponen el uso de cubrebocas y guantes (en contactos con comida).

Si no se respetan, simplemente no se permite el acceso, y hay sanciones efectivas.

¿Es imposible? ¿Los tumultos son inevitables? ¿Somos hordas de salvajes?

Tampoco es imposible entender que entre más tarde el control del COVID, más demorará el regreso a nuestras rutinas de antes -las que sobrevivan-, y que entonces lo que más nos conviene y debe importar hoy es “domar” al virus.

No hay vida ni economía sin salud.