martes, 22 septiembre, 2020
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No nos queda de otra

Por Tere Oramas

En qué momento el servicio público dejó de ser una prioridad en los gobiernos? ¿Por qué las oficinas públicas están saturadas de empleados ineficientes? ¿Desde cuándo el influyentismo superó a la vocación de servicio? ¿Qué pasa con los canales de comunicación al interior de las dependencias? ¿Qué ocurre con los burócratas que gozando de múltiples beneficios laborales atienden como si estuvieran desempleados? ¿Quién es el responsable de la incapacidad, el empleado o el empleador? ¿Por qué toleramos los ciudadanos el maltrato en las oficinas públicas? Solo tengo respuesta a esta última interrogante: porque no nos queda de otra.

 

En las últimas semanas he constatado -en cuerpo presente- la inoperancia de las oficinas de los tres niveles de gobierno, principalmente del gobierno del estado. Trámites que parecieran simples quedan en el “no se puede” (sin argumento válido), “regrese el lunes”, “está de vacaciones el que firma”,  “no es aquí”, “no sabría decirle”, “está desayunando el licenciado”, “si lo quiere para hoy le va a salir más caro”, “solo tengo espacio dentro de tres meses para su operación de urgencia”, “si quiere esperar pero no le garantizo nada”, etcétera.

 

En Tabasco no sirve de mucho ir a realizar una gestión por las buenas porque solo con un poquito de suerte te toca un desadaptado que te canaliza de manera eficiente, basta con dirigirte a Telereportaje y esperar hasta las diez de la mañana para que inmediatamente atiendan tu petición –con el respectivo insulto hacia la autoridad-, o caer en la prepotencia de solicitar el apoyo de algún “poderoso” para que tu asunto camine.

 

Y ésta clara violación a las leyes orgánicas y reglamentos internos de las instituciones es vigilada –y sufrida- por cientos de ciudadanos que diariamente acuden a las oficinas públicas en busca de la solución a sus problemas, la impotencia que provoca la apatía de los funcionarios nos lleva a desistir o en muchos casos a caer en el circulo vicioso: pagar a la mala.

 

Las fallas de la burocracia –en sentido peyorativo- cuestan al gobierno mucho dinero en nómina, prestaciones, gasto corriente y mantenimiento de las oficinas que mal ocupan los empleados de base y de confianza (los aviadores no figuran en este argumento), además agreguemos los servicios médicos a los que tienen derecho y de los cuáles también son víctimas. Por ejemplo: te programan una cirugía de cataratas en el hospital del ISSET, cuatro meses después llegas a la hora señalada y bajo las indicaciones médicas respectivas y después de esperar tres horas la trabajadora social grita tu nombre para decirte con muy mal humor: el equipo quirúrgico se rompió la semana pasada, le llamaremos en cuanto lo compongan para volver a programarle. Y esta historia se repite todos los días y en todos los nosocomios públicos donde además lo que ocurre adentro es mucho más grave, son vidas las que están en riesgo por la inoperante burocracia.

 

Pero tal vez la culpa no sea de quien te atiende en la recepción –que además es la primera persona que juzga tu intención- sino de su jefe inmediato quien depende de un responsable del área que a su vez está debajo de un director que obedece órdenes de un secretario, alcalde, delegado, y así. El problema viene de arriba y va bajando con una rapidez que enseguida te enteras que tu problema se complica.

 

Que lejos estamos de contar con un sistema de atención ciudadana eficiente cuando a muchos conviene incrementar las gestiones desfavorables porque si se resuelven entonces a quién batean!!!