viernes, 7 agosto, 2020
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PIERDE AMLO AL MOSTRAR DOLOR

Por Samuel Cantón Zetina

«El que vence por la fuerza, no vence más que a medias»

John Milton

No es tan seguro, o no seguro al 100%, que Andrés Manuel López Obrador esté ganando el pleito contra empresas periodísticas, columnistas e intelectuales.

Independientemente de los motivos de la confrontación que empezó con el sexenio, las críticas y ataques a su gobierno y presidencia han influido en la caída de su popularidad -lo recogen las encuestas- y dañado su imagen.

“En los medios de comunicación -se quejó el paisano en reciente Mañanera- hay una especie de concurso para ver quién insulta más al presidente…”

A cambio, ese grupo de editores y pensadores paga el desprestigio que le produjo la difusión por parte de AMLO de las desorbitantes cantidades de dinero y privilegios que recibía de panistas y priistas (ojo: no todo el gremio).

Se refleja, dicha descalificación, en la disminución de la credibilidad de los escritores y de los medios convencionales, y en los montos de sus cuentas bancarias.

Pero el poder destructivo de la prensa alcanza al ocupante de Palacio Nacional, y él mismo lo delata, al referirse negativamente a los rotativos y líderes de opinión que no le son afines, con Reforma -y a últimas fechas, publicaciones de EEUU y de España- como referido de cajón.

La manera que existe para que los demás sepan que se está sufriendo, es quejarse, y es lo que Obrador hace cotidianamente.

Aquellos enemigos que hablan y escriben para lastimar al tabasqueño y a la 4T saben exactamente lo que pretenden, pero jamás podrían saber que lo consiguen si el poder no registrara acuse de recibido (y entonces, de dolido).

Elemental, mi querido Jesús (Ramírez).

Desde el principio dijimos en este espacio que se trataba de una riña donde no habría ganadores, y todos perderían, y no solo los involucrados.

Todos, la población en general, porque no cuenta -por ese lado- con información y opiniones objetivas para formar su propio juicio.

Hoy es demasiado tarde: el encono es enorme e irreconciliable.

Cuando no hay en las partes inteligencia y prudencia para no llevar las cosas al borde del precipicio, y como decía Manuel Andrade “dar a cada quien lo que le corresponde”, lo único que queda es empujar al adversario.

Hay una vieja expresión periodística sin observancia en este caso: “Nunca hay que pegar (disparar) al corazón…”

Ahí están -en labor de aniquilamiento- el régimen y el segmento intelectual.

El presidente no ha acabado con los beneficiados del pasado, acaso los ha reemplazado y compensado con otros, y no los terminará.

Tampoco los presuntos formadores de consciencia quitarán a AMLO de la presidencia; tienen que conformarse con ametrallarlo con su predispuesta animadversión -tampoco pudieron evitar llevar la batalla al terreno personal- y abrir espacios a sus oponentes para debilitarlo y doblarlo.

Dirán como el sabio extinto Carlos Sansores Pérez: “Juego que tiene desquite, ni quien se pique…”