martes, 1 diciembre, 2020
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Arribeños y abajeños del río Usumacinta han sido víctimas de las dinastías que, enfundadas en los colores del PRI o el PRD, según les convenga, llegan al poder para servirse y no para servirle a su pobre pueblo

Políticos hacen de Jonuta “un carnaval”

Por: Luis Enrique Martínez

La fotografía de inicio del portal electrónico del ayuntamiento de Jonuta, revela poder absoluto: en primer plano, la profesora Ana Lilia Díaz Zubieta agita, en lo alto, una bandera de salida a los trabajos de mecanización del campo. Detrás de ella, aparentemente tomando distancia, aparece Francisco Alonso Filigrana Castro, posando la mano en el hombro derecho de su esposa la alcaldesa del municipio que con 29 mil 511 habitantes, resulta el menos poblado de Tabasco.
Por si misma, la imagen reproduce la historia de una población chontal bañada por el río Usumacinta, vinculada a comunidades de Campeche (Atasta y Palizada, por ejemplo). Pero particularmente, el poder de unas cuantas familias empezando por el matrimonio Filigrana-Zubieta como descendientes de Horacio Filigrana Zubieta, quien fuera presidente municipal en el trienio 1953-1955.
Distante 128 kilómetros al norte de Villahermosa, capital de Tabasco, Jonuta (aún los historiadores dudan si el vocablo es náhuatl o maya) refleja esa lejanía en su demografía: en más de 60 años, de 1950 a  2010, triplicó su número de habitantes, al pasar de 8 mil 368 a 29 mil 511 ciudadanos, según el último Censo de Población y Vivienda del INEGI.
Dicho crecimiento poblacional puede considerarse prudente, comparado con el resto de los municipios de la entidad; quizá sea ese el motivo por el cual la aristocracia comparta el poder cada tres años, sea militando en el PRI o el PRD, como un disfraz a modo para revertir las bondades de la democracia y la alternancia política. Una máscara elaborada para acometer la hacienda municipal.
Mayores de 60 años, comparan la desafortunada estancia del sacerdote católico Abelino Cortés Téllez, con los descendientes de la genealogía que, en los últimos 25 años, literalmente, asaltaron la comuna como Saúl Jiménez Méndez, Eduardo Enrique Flores Arias, José Felipe Torres Arias, Fidelio Quinto Peralta Damián, Francisco Alfonso Filigrana Castro y Rafael Elías Sánchez Cabrales, entre otros. Unos del PRI, otros del PRD.
Desde el rancho Chichicastle, César Raúl Ojeda Zubieta, hijo del ex alcalde Raúl Ojeda Garrido (1962-1964) y familiar de la actual alcaldesa Díaz Zubieta, identifica a cada uno de los personajes referidos como sangre de los ex presidentes municipales Horacio Filigrana Zubieta (1953-1955), Luis A. Cabrales Sala (1959-1961), Horacio Filigrana Lezama (1968-1970), Leandro Sánchez Pérez (1971-1973) y Alcides Jiménez Arias (1980-1982), entre otros.
En 1985, con la “democracia de carne y hueso”, creada e impulsada por el gobernador Enrique González Pedrero, Raúl Gilberto Lezama Moo (1986-1988) representó la otra camada familiar que inauguró, en el trienio 1977-1979, su hermano Julio César. Otra pareja de consanguíneos la integraron Oscar y Antonio Argaiz Zurita, quienes gobernaron en los periodos 1983-1985 y 1989-1991.
El  parentesco tocó también a Alondra Josefa Rodríguez Castro, quien fue Flor más bella de Tabasco en 1991, y lleva sangre de la actual pareja que gobierna Jonuta.

Carnaval de Jonuta

Electo para gobernar durante el trienio 1992-1994, Saúl Jiménez Méndez fue enjuiciado en marzo de 1995 por la Legislatura LV al Congreso estatal, según el decreto número 015 publicado en el Periódico Oficial de Tabasco. Se le acusó, comprobó y condenó en el CRESET por los delitos de peculado y ejercicio indebido de funciones.
A juicio de los legisladores, Jiménez Méndez desvió 1 millón 349 mil pesos, más 5 millones 745 mil como pendiente insolventado del ejercicio fiscal 1993. Luego de un tiempo en la cárcel y tras devolver la cantidad requerida, Saúl Jiménez recuperó la libertad.
Con la reforma al artículo 41 de la Constitución Política de Tabasco en 1998, a fin de que el proceso de revisión de las administraciones estatal y municipal fuera trimestral, el alcalde José Felipe Torres Arias no pudo concluir el  trienio 1998-2000.
De acuerdo al decreto 090 –año de 1998-, el Congreso estatal reprobó la cuenta pública del priista correspondiente al periodo enero-junio de ese año, en tanto que la Secretaría de la Contraloría lo inhabilitó para ejercer cargos públicos durante 10 años. A pesar de ello, Francisco Alfonso Filigrana Castro, al iniciar el periodo 2001-2003 como alcalde, lo designó secretario del ayuntamiento.
Por presión ciudadana y del resto de regidores del cabildo fue destituido, pero al cabo de 10 años volvió a competir por la alcaldía. Gobernó el trienio 2010-2012.


Cabe asentar que el fallido trienio de Torres Arias, lo concluyó Fidelio Quinto Peralta Damián, quien, según sus conciudadanos, fue igual o peor que su depuesto antecesor. No obstante, en el cabildo que encabeza el matrimonio Zubieta-Filigrana, es onceavo regidor.
Con el apoyo del gobernador Roberto Madrazo Pintado, tanto Peralta Damián como Eduardo Enrique Flores, a pesar de las innumerables denuncias de corrupción, salvaron el Congreso tal como lo hizo el perredista ahora converso al partido Morena, Rafael Elías Sánchez Cabrales, a quien la soberanía también le reprobó la cuenta pública.
A pesar de todo el daño que la nobleza ha causado en el municipio, arribeños y abajeños siguen participando en “el carnaval de Jonuta” al ritmo de Leandro Sánchez: “Anoche de Palizada llegó timbiche con su timbal…”