viernes, 23 octubre, 2020
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¿Por Dónde Empezamos?

MDO. Nelly Vargas Pérez

¿Por dónde empezamos? ¿A quién nos dirigimos? ¿Hacia dónde llevamos nuestro descontento y hartazgo?

¿Volteamos a ver a los priistas, a sus dirigentes, a sus gobernantes, o a su presidente que mal gobierna este país?

¿A quién le hablamos para preguntarle por Javier Duarte? Y no sólo el Duarte que lastimó a Veracruz, queremos saber de Tomás Yarrington, Eugenio Hernández, Rodrigo Medina, César Duarte, Roberto Borge, Jorge Herrera Caldera, Egidio Torre Cantú, Humberto Moreira y Andrés Granier.

Todos emanados del PRI y que tienen en común el haber aumentado las deudas de sus estados. Tan sólo la suma de todos los incrementos arroja que fueron más de 186 mil 535.7 millones de pesos.

De acuerdo al Portal de noticias: Sin embargo, la deuda que acumularon y sumaron a la que recibieron los  Gobernadores acusados de corrupción, lavado de dinero, delincuencia organizada y malos manejos en el país, es más elevada que el recorte al gasto que hizo el Gobierno federal en el Presupuesto de Egresos 2017.

Y esto solamente en lo que respecta a delitos económico-financieros, añádanse: las desapariciones, los asesinatos de periodistas, la escalada de feminicidios, el descontrol de la criminalidad, el autogobierno de la delincuencia, la migración, el desempleo, la deserción de cientos de estudiantes de las escuelas en los niveles básicos; los horrores en la atención médica.

Y claro, aún y con esta larga lista, Javier Duarte dice no a la extradición hasta en tanto no se le notifique de qué se le acusa.

¿De falsificar documentos oficiales? ¿De darse a la fuga? ¿De corrupción? ¿De violentar a Veracruz? ¿De abandono a las clases más necesitadas?

Duarte y no sólo Duarte es la expresión de lo que el PRI es y no ha dejado de ser. El semillero en donde germinaron las peores perversidades. La cantera en donde se han formado los más impunes y peligrosos crimínales.

El PRI, que desde su Presidente, aquel que siendo director de la CFE recibió su millonaria liquidación, hasta sus gobernadores, legisladores y presidentes municipales, han provocado el mayor desastre en nuestra sociedad.

Será por todo esto que cada que veo el nuevo spot del PRI en el que Enrique Ochoa Reza habla que cada paso que ellos dan es un paso firme, tan firme para ¿Ser autores de la venta de los sectores estratégicos de este país? ¿De violentar los derechos de los maestros con la reforma educativa? ¿De provocar parálisis en los pequeños y medianos empresarios con una reforma fiscal depredadora? ¿De la violencia y asesinato en mujeres?

Revisen tan sólo las cifras de feminicidios, violaciones y secuestros en las entidades en donde gobierna el PRI.

¿De la mentira que no lograron revertir, o ya se olvidaron que las tarifas de luz, gas y gasolinas dijeron que no subirían en el sexenio de Peña Nieto?

¿Por dónde empezamos?…

 

 

Les hago nuevamente la pregunta.

Y al hacerlo encuentro la respuesta.

Un pueblo como el nuestro que a pesar de todo lo que ha tenido que soportar, se fortalece al preguntarse por dónde empezar, tiene una esperanza.

De mirar por México y no aceptar más que los mismos de siempre nos gobiernen o representen.

Porque de nada nos sirve que les dejemos llegar, saqueen a los Estados y municipios, luego les persigamos, los llevemos a proceso y pasen: una temporada en prisión, salgan impunes, o al ser reos privilegiados, gocen de prisión domiciliaria por sus repentinas enfermedades. ¿Y el dinero que sustraen del erario público por qué no lo regresan a las arcas?

¿Acaso ese tratamiento recibe el resto de la población penitenciaria?

No nos sirve una justicia acotada, como tampoco un electorado que vota por el PRI y luego se arrepiente de ello.

Si no queremos más Duartes, si no queremos más corrupción es hora de decirle de frente al PRI: ¡Ustedes sí son el peligro para México!

Son una mafia que se hereda el poder.

Son el mayor error de México.

Y ya es tiempo, ya es hora de marcarles el alto.

Nuestro país no se merece una clase política como la que el PRI representa.

Si debemos de hacer algo, es dejar de aceptarles su modelo de corrupción.

Sólo así sabremos por dónde empezar cuando ya no estén.

Y en nuestras manos, esté el futuro de nuestro país.