viernes, 4 diciembre, 2020
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Por qué fallan los sondeos de opinión…

Carlos Flota*

Los sondeos favorecen a quien los paga, no importan mucho las encuestas en estos momentos, pues falta mucho tiempo para el proceso electoral, la verdadera encuesta es el día de la elección, son algunos de los argumentos que los distintos actores políticos esgrimen durante las contiendas electorales. No hay duda, las encuestas no siempre aciertan. Los resultados electorales en las recientes elecciones presidenciales en Estados Unidos y los resultados de los referéndums sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea y el de la firma de paz con las FARC en Colombia, son algunos ejemplos recientes de que a veces los estudios de opinión adolecen de capacidad predictiva.
Por el lado de las casas encuestadoras, las explicaciones a dicha incapacidad son variadas: las encuestas no son una predicción sino una fotografía del momento, la veda electoral impide mostrar los cambios en las preferencias días u horas antes de la elección. En realidad, aunque hay cierta verdad en dichas explicaciones, más bien parecen justificaciones. En mi opinión, de los argumentos más socorridos para explicar por qué las encuestas son incapaces de predecir un resultado futuro, sobre los que vale la pena hacer alguna reflexión son:
Muchos ciudadanos deciden su voto horas antes o en el momento en que lo emiten: Durante los procesos electorales, en las reuniones con amigos, se dedica mucho tiempo a discernir sobre el posible comportamiento de los llamados electores indecisos. Si estos pueden o no inclinar la balanza hacia algún lado. En mi experiencia, salvo que surjan eventos extraordinarios capaces de trastocar de manera abrupta las preferencias ciudadanas (como fue el caso de los atentados del 11M en España durante las elecciones de 2004), la estructura de la preferencias de los llamados indecisos, es muy parecida a la estructura de preferencias de aquellos que si revelan sus preferencias partidistas.
Los votantes engañan u ocultan su verdadera preferencia electoral: Este es uno de los principales argumentos que las encuestadoras nacionales esgrimen a la hora de explicar por qué en algunos estados, como en Tabasco, es muy complicado realizar encuestas electorales. Es probable que un porcentaje de electores sí oculten sus verdaderas inclinaciones, pero si lo hacen, lo hacen de manera sistemática, de tal modo que los errores se compensan y el resultado de la estimación no se ve afectado sensiblemente.
Es difícil estimar las intenciones de voto por los partidos considerados pequeños: Este inconveniente metodológico existe. De hecho, desde hace mucho tiempo, en los diferentes centros de investigación sobre opinión pública, es un tema sobre el que se viene Discutiendo. No obstante, es un problema que se puede corregir, por lo que tampoco influye de manera relevante en los resultados de los sondeos.
El voto emitido por connacionales en el extranjero, no se contempla adecuadamente en las encuestas: Es bastante probable que esto esté sucediendo, pero es un voto, que además de ser poco relevante en términos del total de sufragios, este puede, sin una gran complejidad, estimarse razonablemente a partir de resultados pasados.
Para explicar entonces el relativo fracaso de las predicciones a través de encuestas, la clave está, en mi opinión, en los llamados errores no muestrales, que son los que se producen a lo largo de la recogida de los datos, como por ejemplo: la selección de personas que se va a entrevistar en las viviendas, la mala redacción de una o varias preguntas del cuestionario, la inducción provocada por un mal encuestador o una logística de campo mal planeada.
Así, una técnica de selección errónea puede provocar que algún grupo poblacional esté sobrerrepresentado o viceversa (las mujeres, los habitantes de zonas rurales, los jóvenes, etc.), lo que produciría un sesgo evidente en los resultados, alejándolos del verdadero valor poblacional. Por su parte, reactivos que pretendan medir lo mismo, pero con redacciones distintas, dan resultados diferentes. Pensemos por ejemplo, de cuántas maneras podríamos preguntarle a un ciudadano sobre su opinión respecto al aborto y, un trabajo de campo mal supervisado, puede provocar que todas las entrevistas a realizar en una sección electoral, se realicen en uno o dos edificios, dando como resultado un enorme sesgo en los resultados obtenidos.
Hay que decir también que, al igual que los pronósticos del tiempo, el comportamiento humano es también complejo de predecir. Sin embargo, a pesar de que los sondeos de opinión parecieran ya no tener buena prensa, sobre todo por lo que hace a su capacidad predictiva, me parece que estas seguirán siendo un instrumento de debate público esencialmente por dos razones: primero, porque sería ingenuo pretender conocer el comportamiento de cualquier sociedad respecto algún tema, sino se le pregunta y, segundo, porque las encuestas son un instrumento muy valioso para el análisis académico, para el diseño de estrategias de campañas y de comunicación política.

* Maestro en Estadística Aplicada a las Ciencias Sociales. Consultor Independiente.