sábado, 20 julio, 2019
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Sobre populismo y los que odian a AMLO y al pueblo

 

Elías Balcázar Antonio

 

Al derrumbarse el muro de Berlín en 1989 cayó con él la utopía socialista. Al desintegrarse la Unión Soviética y los llamados países comunistas, la promesa socialista cayó en descrédito. Todo Partido Político cuya promesa fuera la igualdad económica y social no significaba más que pura vacilada, sueños guajiros o mero populismo. Los partidos políticos que tenían siglas de socialistas o comunistas quedaron en el pasado.

Ante la caída de la utopía socialista, de manera simultánea el proyecto económico neoliberal, dogma sagrado del capital monopólico salvaje, terminó por imponerse en el mundo. El proyecto de millones de terrícolas y el destino del planeta Tierra quedó en manos de unos cuantos poderosos consorcios financieros, petroleros e industriales de la guerra. Lejos de sacar a la humanidad de la pobreza, el neoliberalismo económico ha multiplicado los millones de miserables en un planeta en proceso de destrucción.

Al desintegrarse la URSS desapareció el mundo bipolar y los Estados Unidos quedaron como única potencia hegemónica. Del vocabulario de los politólogos, académicos y periodistas desaparecieron términos como: “imperialismo yanqui”, “explotación del hombre por el hombre”, “explotación de los países ricos sobre los países pobres”, “saqueo económico de los grandes capitales trasnacionales sobre los países pobres o neo colonizados”, “desarrollo del subdesarrollo o de la pobreza” Sin embargo, aunque les pese a los ultraderechistas o finjan demencia como Martin Moreno, Vargas Llosa o Krause, estas categorías políticas e históricas están hoy más vigentes que nunca en la cruda realidad de México, de América Latina y del mundo.

Esos conceptos, aquí citados, los ocultaron de manera mañosa los dueños del gran capital: los maquillaron con términos como “globalización” y no imperialismo; “Tercera vía” pero ni capitalismo y ni socialismo; “posmodernismo” aunque miles de millones de terrícolas viven hoy en la miseria. La cruda realidad de hoy nos dice que la desigualdad entre los pueblos, en México, América Latina y en el mundo, se ha agudizado hoy más que nunca. ¿Dónde quedó la Tercera Vía de Tony Blair y Anthony Giddens?, ¿qué mejorías trajo la globalización a miles de millones de terrícolas que aún viven en la Edad de piedra?, ¿cuántos de esos miles de millones de terrícolas tienen computadora o SKY de Alta Definición en sus casas si no tienen ni empleos, ni qué tragar?

Y todas estas reflexiones vienen a propósito debido a la perversa campaña de “desprestigio” y difamación que contra nuestro paisano candidato y hoy presidente AMLO siguen realizando los poderosos dueños del dinero: los mismos que jamás han pensado en México como Nación sino como un negocio, los mismos como los cínicos magistrados de la Suprema Corte que se niegan a perder un gramo de sus privilegios derivados de un régimen podrido donde la corrupción, el compadrazgo y el amiguismo han sido la verdadera fuente de sus fortunas.

Y además de ser financiada por los dueños del dinero, esa campaña la han venido realizando voces y plumas que han vivido siempre del chayote: sea en Televisa, TV Azteca o medios escritos. “Periodistas” como el refugiado chileno Pablo Hiriart, o el enloquecido Ricardo Alemán por su odio contra AMLO forman parte de esa campaña. En ella han jugado un papel apasionado y visceral intelectuales aristócratas que han disfrutado las mieles de esa podredumbre como Enrique Krauze o un Nobel y aristócrata como el Marqués de Vargas Llosa. (No es ironía, el peruano recibió el título de Marqués por el rey Juan Carlos I de España en 2011). Recordamos al peruano, hoy marqués, encabezando a los partidos de centro derecha (FREDEMO): aún no se repone de la humillante derrota electoral que en junio de 1990 le propiciara en Perú el sinvergüenza de Alberto Fujimori, apoyado éste por el presidente Alan García y partidos de izquierda. Pero como aristócratas el marqués y nobel resentido y Enrique Krauze odian al pueblo, desprecian a la masa. Por eso odian a AMLO, por eso y de manera despectiva la “gente bonita”, que se espanta por un Taibo majadero, le puso el mote del Peje. Algo que me llama la atención es que al Marqués de Vargas Llosa, por muy aristócrata y Nobel que sea, los señores del dinero le permitan entrometerse en la vida política de México si no tiene la nacionalidad mexicana. ¿Será que porque apoya a la mafia contra AMLO? Por el contrario a Taibo II esa misma gente bonita se le fue a la yugular. ¿Por qué?, ¿porque es hijo de españoles, porque se las metió doblada o porque apoya a AMLO?

Nos dice la excelente y renombrada intelectual francesa Chantal Delsol en su libro “Populismos, una defensa de lo indefendible”, editado por Ariel: “El término populismo, es, en primer lugar, un insulto: hoy en día hace mención a aquellos partidos o movimientos políticos que se considera que están compuestos por gente idiota, imbécil o incluso tarada. De tal modo que si detrás de ellos hubiera un programa o unas ideas, serían por tanto unas ideas idiotas o un programa idiota”. Luego nos dice: “Se nos hace un poco raro, la verdad, definir una corriente por su imbecilidad, sobre todo en democracia… En el presente se tiene la costumbre de designar con el término de populistas a todo tipo de movimientos o partidos distintos por el único motivo de que nos desagradan” o amenazan nuestros privilegios de elite. Hace un siglo, nos sigue diciendo la señora Delsol, el populismo no era un insulto sino que designaba a un partido o a un grupo político específico en Estados Unidos o en Rusia. “La palabra tomó su acepción peyorativa a principios del siglo XXI” y por tanto no se puede así “atribuir una definición al término populismo, ya que se trata de un insulto, antes que un sustantivo”.

Otro autor Jan Werrner Muller, en su libro ¿Qué es el populismo?, que no es más que una defensa a ultranza del capitalismo salvaje, no tiene empacho, ni recato en calificar al pueblo como “la mezcla soberana” como lo calificaba el poeta francés Valery. Y a la voluntad del pueblo, que fue lo que manifestamos el pasado primero de julio, ese autor lo califica como “la voluntad de la mezcla”. Desde luego afirmo yo, para esos criterios elitistas esa “mezcla” no sabe pensar y no sabe usar los cubiertos en una buena mesa o degustar un buen vino y diferenciar si es de Rioja o de la Rivera del Duero, de uva Carmener o Syrah, o de perdida si es uva Merlot o de un Tempranillo como de seguro lo hacen Krauze o Vargas Llosa. Pero, sin el trabajo de esa “mezcla de idiotas” (obreros, albañiles, campesinos, cocineros), ni Valery, ni el Nobel peruano o Krauze hubieran podido escribir su literatura o sus poemas, ni degustar un buen vino tinto en una buena mesa. Lo que olvidan estos aristócratas es que “esa chusma” es la que siembra y les da de comer. Esa masa trabaja los viñedos, fabrica el papel y la tinta para escribir y construye la mesa donde puedan escribir o comer sus antojos y produce los alimentos para que esos aristócratas tengan qué tragar de manera elegante, clasista y sin eructar en esa mesa.

Otro libro: “El engaño populista” de Axel Kaiser y Gloria Álvarez, que por cierto y para variar la edición viene con los comentarios de Vargas Llosa y Enrique Krauze, no es más que la expresión ideológica muy bien tejida de la ultradrecha: defensores a ultranza del neoliberalismo económico que nos es más que la doctrina dogmática del capitalismo salvaje que empobrece cada vez más a los pueblos. Carente de argumentos sólidos y desconocedores de la ciencia económica y política, esos autores atribuyen al “engaño populista” la ruina de nuestros países. Esos autores omiten de manera cínica 500 años de explotación y de saqueo colonial e imperialista que han sufrido los países de América Latina y de otros Continentes. Omiten 300 años de colonialismo español y 200 de penetración saqueadora del capital inglés y gringo en América Latina y la esencia explotadora y empobrecedora de esos capitales. La Standard Fruit, la United Fruit, la General Fruit hicieron de Honduras y el resto de Centroamérica puros países bananeros y los han saqueado dejando como resultado millones de seres en la miseria y con hambre.

En ese mismo libro Kaiser y Álvarez dicen que el populismo es un enemigo de la democracia y que ésta requiere del pluralismo para vivir juntos como ciudadanos libres e iguales. Y yo les pregunto: ¿Cuál democracia?: ¿la de Peña Nieto y Ayotzinapa?, ¿asesinando periodistas y maestros? O ¿la de Díaz Ordaz y su matanza de Tlaltelolco? ¿Cuál democracia?: ¿la que compra votos y hace fraude en las urnas como las pasadas elecciones para gobernador en el Estado de México?, ¿Cuál libertad de expresión?, ¿la de Televisa, la de López Dóriga, Loret de Mola o la de los periodistas asesinados?

El ilustre maestro y politólogo de la UNAM, Octavio Rodríguez Araujo (ese sí es politólogo, no como los que homenajean acá en Villahermosa) nos dice que “Declarar al populismo como enemigo de la democracia es, además de una tontería, un invento de quienes quieren verlo como un peligro”. Luego nos dice: El populismo “…no es bueno, ni malo por sí mismo; tampoco es un peligro salvo para quienes ejercen el poder sin el pueblo y en contra del pueblo” y ven en él una amenaza para sus privilegios. Y yo veo que ese es el miedo que tienen muchos “periodistas” en la ciudad de México: ven que con AMLO peligran sus chayotes. Jugosos chayotes que han disfrutado durante sexenios con el PRIAN en el poder. Y terminamos con el maestro Octavio: “Una cosa es que Peña Nieto (o la mafia dirigida por Salinas), vean en el populismo un peligro para sus intereses de grupo y sus prácticas corruptas y otra que por sí mismo lo sea”.

Les advierto a mis paisanos tabasqueños que esa burguesía chilango-norteña no está dispuesta a ceder un ápice de sus privilegios, logrados por cierto en la podredumbre, y van a hacerle la vida imposible a Andrés Manuel. Esa burguesía chilango-norteña, la misma que hizo trizas al Sureste mexicano con su “reforma energética”, la misma que aplastó al empresario tabasqueño Carlos Cabal Peniche, jamás ha volteado a ver al Sureste de México sino con desprecio y sólo para saquearle sus recursos naturales: no le cae el veinte que un hombre del Sureste dirija los destinos de este país. Y pensar que existen “tabasqueños” que le hacen el juego a esa burguesía en su campaña contra de AMLO.

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