viernes, 18 septiembre, 2020
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Sociología de la derrota

Por Uldárico Canto Taracena*

 

Considerando que la sociología es la ciencia social que se encarga del análisis científico de la estructura y funcionamiento de la sociedad humana o población regional, las elecciones del pasado 5 de junio podrían explicarse de una perspectiva global de hartazgo social y regionalmente por fracasos de gobierno que incumplieron a un electorado que les brindó una oportunidad pero no desean seguir ratificando la tendencia de soportar más sus incompetencias.

 

La ciudadanía tal vez no tiene claro lo que quiere pero sí lo que está dispuesto a rechazar. Es el atrevimiento de una sociedad por cambiar gobernantes bajo el tesón de su participación en las urnas y una mayoritaria que no cree que sea el mecanismo adecuado para seguir en la misma senda. Esto es, unos empujan para cambiar las cosas a través del sufragio y los más muestran su escepticismo bajo un abstencionismo creciente.

 

Mientras no haya empleo, crecimiento económico y posibilidades de desarrollo en los estados la población sancionará en las elecciones locales y mientras el país no de visos de mejores perspectivas sociales y económicas, seguramente podría derrotarse a quienes detenten el poder nacional. Para esto último, sería el PRI quien presente más problemas a su futuro candidato o candidata, porque aun siendo la mejor carta de todos los competidores, el electorado que decida ir a las urnas votaría más que por la razón por la frustración de su alrededor.

 

Cierto, el PRI sigue siendo el partido más competitivo, como mostró en el proceso electoral reciente y los anteriores pero es también quien sostiene un mayor rechazo de credibilidad de su cambio. Pese a que volvió al poder nacional, le ha impactado el crecimiento de la corrupción, la inseguridad, el desempleo, y la incertidumbre de un futuro que ofrezca oportunidades para todos. Las reformas estructurales emanadas con el mejor sentido de ser urgentes y necesarias lamentablemente no cuajan a corto plazo.

 

El PRI es el partido de mayor militancia. Sus cuadros políticos están formados por más años en el desempeño de la política y por su identidad partidista, mientras que los demás partidos tienen más políticos ocasionales, productos de nuevas adquisiciones, pero también el PRI es quien más pierde hombres y mujeres de esta actividad y peor aún, su clientela generacionalmente se extingue por su abandono a crear los nuevos cuadros políticos que lo sigan sustentando e impulsando.

 

Desde luego, el descrédito no es patrimonio absoluto de un gobierno, también extiende sus tentáculos a los partidos político que están inmerso en un rechazo amplio del ciudadano en general y también le pega a la oportunidad de que emanara un independiente como alternativa última de solución de los males nacionales. El fracaso del gobierno “del bronco” en Nuevo León, permeó demasiado rápido al grado que ningún candidato independiente a gobernador, de los 12 estados que contendieron, tuvo competitividad alguna. Quizás esta derrota encontró una leve esperanza en el rostro de 10 alcaldes y un constituyente que triunfaron en las urnas sin partido, pero bajo un espacio más reducido geográficamente.

 

Las derrotas locales pasaron irremediablemente por fracasos gubernamentales. En Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz, gobernaba el PRI y perdió, en Oaxaca y Sinaloa gobernaba el PAN en alianza con el PRD y también perdieron. Las estadísticas también mostraron que los ciudadanos reprobaban estos gobiernos actuales y prefirieron nuevos aires. Pese a que estos candidatos ganadores presentaban peores cartas de presentación que los derrotados.

 

Sin embargo, gobiernos Priístas en Hidalgo, Tlaxcala y Zacatecas habrían obtenido un voto de confianza ciudadana, porque este partido volvió a ganar, como resultó en un único estado como es Puebla por parte del PAN. Aquí no se perdió por políticas públicas del gobierno federal sino se ratificó el rumbo por una aprobación de gobiernos locales.

 

No es exactamente que el electorado votó en favor o en contra del gobierno federal sino que imperaron condiciones netamente locales, porque las elecciones fueron de estas características. Ahí tenemos el mejor de los ejemplos, los estados de Guerrero y de Oaxaca fueron entidades donde la Reforma Educativa presentó mayor movilización de maestros en contra, sin embargo, en ambos lugares el PRI triunfó electoralmente y recuperó estas gubernaturas.

 

En síntesis, en el 2018, los estados que sigan en picada de credibilidad gubernamental dañaran al partido que los llevó al poder, y la elección presidencial dependerá de ajustes políticos y muestras de logros del gobierno peñista si desea refrendar la oportunidad ciudadana de seguir siendo gobierno tricolor. La derrota está pasando directamente por una colectividad que anhela vivir en una sociedad de oportunidades y tanto él como sus descendientes vean una luz de progreso en su futuro.

*Sociólogo. Maestría en Administración. Doctorado en Alta Dirección.