viernes, 23 octubre, 2020
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Solo no le alcanza a nadie…

Carlos Flota

Solo no le alcanza a nadie, sentenciaron el pasado 27 de mayo los dirigentes nacionales del PAN y del PRD, por lo que, en rueda de prensa, convocaron a un frente amplio opositor para participar en las elecciones de 2018. Como ejemplo del éxito futuro que podría tener dicho frente, apelaron a los buenos resultados que tuvieron sus alianzas en las elecciones celebradas en los estados de Veracruz, Durango y Quintana Roo el año pasado, y al buen desempeño que esperan obtener este 4 de junio en las elecciones para gobernador en el estado de Nayarit.

De acuerdo a la postura fijada por Ricardo Anaya y Alejandra Barrales, dicho frente, de concretarse, tendría como objetivo principal sacar al PRI de Los Pinos, por lo que el argumento “solo no le alcanza a nadie”, deberíamos de entenderlo como la imposibilidad de que todos los partidos políticos opositores al PRI, si contienden en solitario, no tendrían alguna posibilidad de derrotarlo en las elecciones presidenciales de 2018.

A un primer vistazo, la postura fijada el sábado 27 por la derecha y una parte de la izquierda mexicanas, genera ciertas suspicacias. Por ejemplo, como puede entenderse o como creer en la amplia invitación hecha por los presidentes del PAN y el PRD, que, en 2012, teniendo como atmósfera el Castillo de Chapultepec, firmaron el llamado pacto por México, en donde se delinearon las llamadas reformas estructurales aplicadas en la presente administración y, que después, a través de sus bancadas, refrendaron en el Congreso de la Unión y, que hoy, no sólo desconocen y vituperan, sino que sostienen que es PRI el único culpable del relativo fracaso de las reformas emprendidas. En un segundo vistazo, cuesta trabajo entender cómo las antípodas desde el punto de vista ideológico, puedan ponerse de acuerdo en temas como el aborto, el matrimonio entre el mismo género o incluso, sobre temas de política económica como el grado de intervención del Estado en la economía. En una tercera ojeada, si atendemos a estudios demoscópicos nacionales, en estos momentos, si hay a quien le alcance solo, por lo que la tesis de que “solo no le alcanza a nadie” no sólo no se sostiene, sino que parece encubrir un lado con matices oscuros, además de parecer, retomando a Cuauhtémoc Cárdenas, una alianza torpe y oportunista.

No obstante, comparto la idea de que nuestro país necesita un frente amplio para las elecciones de 2018, pero si el objetivo de este es sólo para sacar al PRI de Los Pinos, no sólo será un frente totalmente infructuoso, sino que nacerá prácticamente muerto, pues después de un viraje de 12 años hacia la derecha, es claro que la alternancia per se no es suficiente para enfrentar los retos nacionales. Además, me parece que no necesitamos un frente amplio opositor, sólo para participar en el juego democrático del próximo año, sino un frente amplio con ideas disruptivas para transformar las actuales reglas del juego político y económico de nuestro país, y que al mismo tiempo sea capaz de acabar con el inmovilismo, para mover al país hacia temas claves.

Necesitamos pues, un frente incluyente y con un método viable para lograr una verdadera reforma del Estado. Que promueva la creación de una burocracia eficiente, capaz de resolver problemas políticos; que promueva la rendición de cuentas en todas las instituciones públicas de todos los niveles de gobierno, incluso si dichas instituciones son autónomas; que incentive la asignación de los recursos públicos en función de resultados alcanzados y que asuma que la transparencia no sólo es proporcionar información a quien la pida. Un frente que promueva una reforma fiscal sin exenciones y con potestades tributarias para los estados y municipios, quizás una que incluya impuestos generalizados y con tasas bajas; que se comprometa a erradicar la corrupción, fortaleciendo y aplicando las sanciones a quienes desvíen recursos públicos.

Pero el reto más importante de un frente como el propuesto por las dirigencias del PAN y del PRD, es lograr que la ley impere en todos los ámbitos de la vida social y que se aplique a todos por igual. El buen desempeño de un gobierno, sea conducido por un frente o por un partido, descansa en la legalidad y no en la negociación con clientelas formales e informales. Desde luego, el gobierno debe predicar con el ejemplo, ya que la percepción generalizada es que el gobierno no cumple la ley, además de que no la aplica a todos por igual.

Desde luego, toda reforma importante es complicada porque siempre trastoca intereses particulares con grandes poderes. Sin embargo, no intentarla, sería dejar aún más el barco a la deriva.